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De Bogotá a Sancti-Spíritus: descubre este proyecto de experimentación rural en una antigua finca ganadera
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De Bogotá a Sancti-Spíritus: descubre este proyecto de experimentación rural en una antigua finca ganadera

Actualizado 08/04/2024 14:42
Berta Joven

Salomé Méndez y Fernando Fernández han transformado El Molino de Valeriano en un espacio en el que desarrollar proyectos de agricultura orgánica, arte, autoconstrucción, tecnologías, ocio y energía

El Molino de Valeriano, en Sancti-Spíritus, ha pasado en cuatro años de ser una antigua finca ganadera a albergar un innovador espacio de experimentación rural en torno al arte, la cultura, la energía y la alimentación sostenible. MolinoLab ha acercado la danza y la percusión africana, el videomapping, el reciclaje textil y decenas de proyectos a la comarca de Ciudad Rodrigo.

Salomé Méndez y Fernando Fernández están detrás de esta aventura que ha revitalizado el día a día de un municipio en el que viven 738 personas, según datos de 2023 del Instituto Nacional de Estadística. Ambos residían en Bogotá (ciudad de origen de Salomé) en 2020, pero tras la pandemia decidieron regresar a la antigua finca ganadera del abuelo de Fernando y materializar una manera genuina de vivir.

Música y artes son otras de las vías principales en las que trabajan. Las integrantes de la Asociación de Mujeres Vistalegre acuden a Molino Lab para recibir clases de danza y pilates con Salomé dos veces por semana. “Se ha formado muchísima comunidad. Yo ya conozco a muchas de las mujeres del pueblo y, a través de ellas, empezamos a hacer conexión con los maridos”, añade Salomé. Además de estas propuestas formativas, organizan Interactivas Fest, un festival de arte, naturaleza y tecnología, en colaboración con el grupo de trabajo Interactivas, de Matadero Medialab (Madrid). Como músicos, el año pasado participaron en una gira con un grupo de danza, percusión y canto africano y forman parte de la batucada Blocco Charro en Salamanca.

“Respecto a proyectos más innovadores o más relacionados con la tecnología, está la música y visuales que hacemos con las plantas. Por ejemplo, el mes que viene estaremos en Valle del Ambroz haciendo un concierto de cerezos, explica Fernando. Para ello, a través de un dispositivo amplifican las microfluctuaciones, es decir, los cambios eléctricos en plantas y hongos. Convertimos esos impulsos eléctricos en sonido, en música o en imagen. Por ejemplo, cuando trabajamos con hongos en el bosque, los pintamos con luz y los mismos impulsos eléctricos de los hongos modifican esas luces”.

Salomé y Fernando también exploran la autoconstrucción y la bioconstrucción dentro de esta finca de tres hectáreas en la que hay un molino de agua. Poco a poco, restauran edificios para utilizarlos dentro de la asociación. “Rehabilitamos una nave de aperos que convertimos en la nave principal de MolinoLab, donde impartimos los talleres. Tenemos impresoras de resina, impresoras 3D, donde hacemos prototipos más... Utilizamos desde herramientas más tradicionales a otras más innovadoras de fabricación digital”, apunta Fernando. Salomé se ocupa de una línea de reciclaje textil. “A partir de materiales que han sido desechados, ropa o tela vieja, genero prendas nuevas. Desde rehacerla, hasta hacerla nueva o añadir aplicaciones diferentes para customizarla y darle otro valor”, expone la joven.

MolinoLab es un espacio abierto. Salomé y Fernando lo definen como "una comunidad descentralizada". Aunque ellos son el núcleo del proyecto, a lo largo de estos años han colaborado con un equipo más amplio que temporalmente ha residido en la finca, ya que ofrecen el espacio para "crear, desarrollar proyectos hacer locuras, equivocarte y volver a intentarlo". Actualmente, solo viven allí la pareja y el hijo de Salomé. Ella recuerda que desde el principio fueron bien recibidos en el pueblo. "Las pintas, como siempre, chocaban un montón. Yo pensaba que siendo de Latinoamérica, sería un poco más duro, pero no. Las mujeres de la asociación son un encanto, hay un ambiente maravilloso y fantástico", confiesa Salomé.

Un vídeomapping en la Plaza Mayor o una exposición de realidad aumentada son solo algunas de las propuestas que desdeMolinoLab han compartido con los vecinos de Sancti-Spíritus. "Tratamos de hacer de puente entre la gente que viene todos los años a participar en actividades más innovadoras y los habitantes del pueblo. Intentamos que se ponga en valor su conocimiento: es una locura de la cantidad de cosas que se saben y que no valoramos", se lamenta Fernando.

Las residencias artísticas Residencia Culture Moves Europe (para las que han recibido recientemente una ayuda europea) o las convivencias de arte y tecnología con la Universidad Carlos III son solo algunos ejemplos de los últimos proyectos en los que están inmersos y en el horizonte tienen también la participación en Programa Erasmus +. Entre tanto, trabajan para consolidar esta aventura que les ha llevado a ser una referencia en Salamanca como proyecto de experimentación orientado a la autosuficiencia en el medio rural.