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Gérman Madrid, el ‘panadero de todos’ jubilado: “He sido muy feliz detrás del mostrador”
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PEÑARANDA

Gérman Madrid, el ‘panadero de todos’ jubilado: “He sido muy feliz detrás del mostrador”

Actualizado 02/04/2024 18:47
Raul Blazquez

Hoy, tras más de medio siglo de actividad y debido a sus problemas de salud, se jubila a los 65 años

“Yo creo que mi pasión por la panadería llego directamente en el vientre de mi madre” Así de rotundo se muestra Gérman Madrid, al recordar los orígenes de su actividad profesional, algo que le ha mantenido pegado al mostrador de su establecimiento hasta hoy, momento en el que ha llegado su jubilación y con ella, el cambio hacia una nueva generación familiar capitaneada por su sobrino.

Los orígenes de German, tal y como explica en un emotivo encuentro con BRACAMONTE AL DÍA, asegura que estuvieron “cuando estuve detrás del mostrador en un establecimiento ubicada en la calle Carmen, al lado de la armería. Luego ya mi hermana arrancaba su actividad en la Plaza Nueva los dos primeros años. Tras morir mi madre me quede al frente de esta tienda y en ella me he mantenido unos 40 años. A estos se suman los casi 10 en el otro lugar, por lo que puedo decir que llevo unos 50 años en el oficio”.

German nunca ha vivido la pasión de los hornos que mantenía y mantiene su padre, Manuel Madrid Bueno, gran precursor del pan peñarandino con sello propio más que reconocido por vecinos y visitantes de multitud de lugares, algo que también ha supuesto un gran sello de identidad para la ciudad desde hace ya muchas décadas.

“Casi nunca estuve en hornos, creo que apenas me levantaba de madrugada apenas tres veces…eran mis hermanos con mi padre los que hacían el pan. Yo vivía el mostrador, algo que he mamado de mi madre y luego junto a mi hermana. Tenía 15 años cuando terminaba octavo de EGB y ya me puse detrás del mostrador de la primera tienda…aquellos tiempos eran increíbles ya que la primera tienda de la calle Carmen estaba muy cerca de las fabricas de calzado y muchos talleres…era tremenda la gente que pasaba por allí cada día”.

Una intensa labor de venta, que se completaba con la creación del pan en manos de su padre, quién arrancaba a las tres de la mañana, contando con doce trabajadores en su origen y vendiendo tras realizarlo en numerosos pueblos de la comarca peñarandina y las provincias de Salamanca y Ávila.

Hoy, con sus 65 años cumplidos y jubilado debido a numerosos problemas de salud, se emociona al recordar su vida comercial. “Tengo que decir que he echado muchas horas todos los días, el mostrador me ha hecho feliz…podía arrancar cualquier día a las ocho de la mañana y terminar a las diez de la noche, pero era muy muy feliz así…puedo decir que ha sido mi vida”.

Al preguntar a German por algún recuerdo que guarde detrás del mostrador asegura que “me acuerdo mucho de los chavales que iban a buscar los pasteles o los bocadillos cuando estaban en el instituto y ahora vuelven a la panadería casados y con hijos…me preguntan siempre por mi y como estoy y le cuentan a sus hijos quién soy y lo que hacían cuando estudiaban…esto me emociona…eso y que resaltan de mi que siempre estoy con la sonrisa en los labios…ah y que soy muy buen vendedor (sonríe)”.

Pero más allá de la panadería, Gérman Madrid ha sido mas que conocido y querido precisamente por su sentido del humor y las no pocas ‘picias’ que ha preparado, especialmente durante los carnavales de Peñaranda y junto a sus pandillas de amigos, con quienes no se achantaba ante nada y disfrutaba con buen humor de cada quedada.

Todo ello es un repaso a una vida que hace apenas unos meses llego a un momento de freno profesional, algo sobre lo que destaca que “yo quería seguir adelante, pero la enfermedad de los huesos me lo ha impedido…ya me lo advirtió mi madre que tendría problemas con ellos y así ha sido, viviendo últimamente caídas y problemas para desplazarme. Hoy no tengo dolores, pero la movilidad es mucho mas difícil…pero he dejado la panadería en las mejores manos, la de mi sobrino Antonio, que también es ahijado, quién desde los 14 años esta viniendo conmigo y no puedo estar más orgulloso de él y su pasión por la panadería”.

Hoy, German saborea su jubilación, reuniéndose con amigos y aprovechando cada instante de sus días, pero sin olvidar lo que ha sido su verdadera pasión. “Siempre he puesto por delante la tienda a mi salud, me ha hecho muy feliz estar siempre al lado de la gente y ofrecer aquello que necesitaban…ha sido mi vida y no puedo sentirme mejor por ello”.