Martes, 21 de mayo de 2024
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Rebañando el rato
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Rebañando el rato

Actualizado 25/03/2024 09:29
Charo Alonso

En esta vida nuestra siempre acelerada somos, como me ha enseñado el profesor Pedro Ojeda, “traperos del tiempo”. Una expresión de Ortega que cuadra muy bien con esa prisa que trata de sacar una hora, un rato, lo que cuadre para hacer algo, cualquier cosa, siempre apresurados, siempre en movimiento, siempre activos. Rebañando el rato como el gato el plato…

Sin embargo, en la quietud de los días jubilados, en ese banco de la paciencia que es la enfermedad o la vejez, el rato se alarga, se estira, se reblandece, se convierte en la luz que pasa por una ventana de cielos punteados de vuelos o de ladrillos amontonados y cubiertos del verdín de una primavera lluviosa. Mis quietos, mis adoloridos señalan la tarde con la visita y todo les parece poco. Aquí nos dejas, dice mi padre mientras me pongo el abrigo deseando escapar de la quietud, volver a lo mío, lo mío, lo mío, la prisa, la tecla, la clase, el libro abierto que quiero terminar de leer… la vejez tiene una cadencia en el tiempo lenta y sorda que me recuerda los meses del recién nacido, sueño, vida que toma su calma para moverse, comer, dormir el sueño que nos repara y nos hace aún más breve esta tarde que se alarga y que yo quisiera estirar marcada por las horas, las agujas de un reloj que no sirve para nada. La cadencia del bebé es torpe, lenta, dedicada a sí mismo, a sus funciones recién estrenadas. La cadencia del mayor en la casa, en la cama, tiene también este reconcentrado ritmo de sentir el dolor, la espera, la comida que no se traga, la pastilla comulgada con esperanza. Tienen la piel igual de transparente, la fragilidad a flor de labio, la mirada perdida que se queda prendada en nuestra prisa. Qué prisa tienes, mujer, quédate a cenar, siéntate otra vez, no te levantes, no te vayas ¿Pero qué tienes que hacer?

Traperos del tiempo, rebañamos el paso de las horas y el día te alcanza tirado en la cama pensando en lo que te queda por hacer, siempre inclemente. Arrancamos los jirones de hora, los minutos que tardo, el instante detenido o acelerado. Y no llegamos a todo, ni disfrutamos el paso por el espacio consabido, el transcurrir de las estaciones, la fiesta que nos sirve para seguir acumulando tareas, traperos de tiempo, arrebañando el rato… y cuando la enfermedad nos detiene, el ictus nos acecha o nos preguntamos qué es ese dolor en el pecho, recordamos a nuestros quietos, a nuestros queridos, a nuestros heridos de la vejez o de la enfermedad… y entonces nos detenemos de golpe, nos volvemos a quitar el abrigo, nos arrellanamos en el sillón raído y nos dejamos llevar por la cadencia de su paso.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.

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