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No entiendo esta mercadotecnia
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No entiendo esta mercadotecnia

Actualizado 19/03/2024 07:54
Ignacio Martín

Qué quieren que les diga: si me llaman a casa, espero que sea por algo que me concierna, no porque a alguien se le antojó ocupar mi espacio vital (temporal y acústico); de igual manera, si voy por la calle, me gusta ir a mi aire y no me hace gracia que me paren para venderme o convencerme/regañarme. Uno, que es bastante grinch, reivindica el derecho a serlo.

Tranquilas y tranquilos: no voy a hablar de las campañas políticas ni de los pesados de bancos y compañías telefónicas, sino de unas muy cool que, al menos aquí en México, cada vez se ven más.

Chicos y chicas jóvenes, agradables, con camisetas de colores vivos y logos que uno suele identificar… se te echan encima en tiendas, semáforos, calles peatonales, para “venderte”, perdón, cómo oso usar semejante concepto neoliberal: quería decir para regañarnos por no apoyar, todavía, a determinadas oenegés o instituciones supranacionales... Todas, por supuesto, muy buenas, justas y necesarias.

No, regañar tampoco, me dice mi conciencia; primero preguntan y eso que yo considero regaño es cuando ven que no apoyo a lo que ellos sí… O a lo que a ellos les paga; en fin, que no es regaño, solo quieren convencerme de ser bueno y hacer el bien, como ellos.

No podré nombres para no quemarme –más de lo que ya estoy quedando y voy apenas por la mitad de esta columnilla– pero en mi modo grinch, tengo que señalar que no encuentro la diferencia con las llamadas por teléfono para “venderte” algo que te suelen insultar –aunque ellos crean que no– diciéndote que eres tonto –insinuar la descalificación es insulto, para el de la tecla por lo menos– si no les “compras” lo que sea que vendan y sigues tirando el dinero con su competencia.

Que sí, que estos jóvenes parece que no venden… pero, con perdón, siento que me agreden igual.

Como suelo decirles, con mi mejor sonrisa, “no, gracias” o “disculpa, llevo prisa” –con las variaciones que gusten y manden [mexicanismo de hoy, entre corchetes, que no quedan bien los guiones dentro de guiones]– me espetan, con una mirada harto condescendiente, algo como “está bien”, señor mayor egoísta y poco concienciado.

A mí no me engañan, su mirada dice que ya quedé condenado al fuego eterno como “antiecologista”, “proempresas” contaminantes, “proabuso” de lo que sea…

¿Serán voluntarios?, ¿cobrarán un mínimo?, ¿serán como dependientes de Starbucks con conciencia?, ¿serán dependientes de Starbucks?

Yo, en ese sentido, he caído en las garras del individualismo; me gusta que, si me llaman a casa, sea por algo que me concierna, no porque a alguien se le antojó ocupar mi espacio vital (temporal y acústico); y claro, si voy por la calle, me gusta ir a mi aire, pensando o no en mis cabreos (el grinch, ya les había dicho).

Ay, jóvenes, tan habituados están ya a arreglar el mundo a “megustazos” que no se dan cuenta de que hay muchas otras formas de ayudar…

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