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Tras la felicidad
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Tras la felicidad

Actualizado 20/03/2024 07:48
Juan Antonio Mateos Pérez

He cometido el peor de los pecados: no he sido feliz

J.L. BORGES

Lo que está claro es que la felicidad no está en la pura diversión, y que solo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.

ARISTÓTELES.

No existe ningún ser humano que no se formule las grandes preguntas de fondo sobre nuestra existencia. Una de ellas es la pregunta sobre la felicidad. En el subsuelo de nuestra conciencia anhelamos ser felices. Valoramos la vida en su universalidad; en primer lugar, la vida propia, después la de los otros, ya que no vivimos solos, nos entretejemos con nuestros semejantes, cercanos y distantes. Vivir no basta, después de la vida, necesitamos de la felicidad, no la felicidad contada por los grandes sabios, el ser humano se eleva hacia una valoración de la vida desde el punto de vista de lo mejor, de lo máximamente preferible.

Hoy comienza la primavera, poco a poco los días irán aumentando, las temperaturas irán subiendo, las hojas de los árboles vuelven a crecer y poco a poco el campo se irá llenando de flores. Volvemos a renacer y rejuvenecer, una especie de alegría nos invade contemplando este nuevo amanecer de la vida. No es extraño que el día de hoy se eligiera para celebrar también el Día de la Felicidad, que quiere reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.

No es fácil ser feliz, no es suficiente conseguir aquello que andamos buscando o satisfacer nuestros deseos y anhelos. La felicidad no se compra, no consiste en tener, ir a la última, tener éxito o poder. Muchas personas tienen todo aquello que les puede proporcionar bienestar, pero no son felices, puede que aflore en ellas ese sentimiento de decepción que E. Bloch definía como “la melancolía de la satisfacción”. Lo cierto es que la felicidad es un anhelo exclusivamente humano. Intenta siempre encontrar algo que está más allá de la experiencia misma. Es el único de los seres que trata de ser feliz.

La filosofía es una de las mejores herramientas inventadas por el ser humano. Nos ayuda a poder administrar nuestra libertad, a conocer quiénes somos, nos da muchas claves para el sentido de nuestra existencia y nos apunta hacia dónde vamos. Desde sus orígenes no sólo busca la sabiduría, no sólo es un discurso, también es una práctica que busca una vida feliz. El objetivo es conocer al hombre y que el hombre se conozca a sí mismo. “Conócete a ti mismo” nos recordaba Sócrates. Pero este conocerse a sí mismo es buscar también la felicidad deseada, es buscar dentro de uno mismo los anhelos de una vida realizada y feliz.

Aristóteles que representaba la plenitud de la filosofía helena, nos brinda un análisis de la felicidad conectada con la virtud. La felicidad es aquello que por sí solo hace deseable la vida y no necesita de ninguna otra cosa. Epicuro, preconizaba una serie de placeres o más bien, intentar evitar el dolor y el mal para ser feliz. Los estoicos aspiraban a una felicidad entendida como libertad, independencia y armonía. Una libertad que consiste en identificar nuestra razón con la divinidad que gobierna el mundo. Sólo la vida razonable conduce a la felicidad, y por eso las pasiones son perniciosas.

Como vemos hay muchos acentos sobre la felicidad, pero I. Kant nos recordaba que renunciar a la felicidad es renunciar a ser persona. Todos sabemos que vivir no es fácil y en el camino de búsqueda podemos perdernos fácilmente. Muchas utopías se han perdido y han fracasado, al menos nos queda una felicidad personal y subjetiva o bien la posibilidad de transcender. Tenemos derecho y el deber de ser felices como seres humanos sensibles e inteligentes, o al menos tomar un camino en donde la vida nos repare más satisfacciones que disgustos.

De ahí que sea necesario recordarlo en un Día para la Felicidad. Es un día que también celebra la inclusión y que, por lo tanto, exige que todos los gobiernos del mundo lo tengan presente como parte de sus políticas sociales y económicas, para que de esta forma pueda existir una verdadera equidad y bienestar colectivo, que, a la larga, ayude a alcanzar la tan anhelada felicidad que toda la raza humana sueña.

No es fácil el camino de la felicidad. No es lo mismo su búsqueda en la juventud, centrada más en el placer de los sentidos; que en la edad adulta que se busca un compromiso con un sentido de la vida, de la justicia, de la política, de la sociedad, etc. Al final, en edad más madura, posiblemente se busque más la serenidad del espíritu y la toma de distancia respecto a los hechos de la vida y se toma la conciencia del momento límite de la existencia.

La felicidad individual es importante, pero se nos escapan muchas cosas, ya que vivimos en sociedad, tenemos relaciones con otras personas semejantes y con el mimo derecho a ser felices. Nos recordaba la pensadora Hannah Arendt que “nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político”. En nuestras sociedades occidentales hemos avanzado en la técnica, en la medicina, en bienes materiales, en comodidad, en tiempo de ocio, pero paradójicamente está aumentando la soledad, el desamor, la injusticia, la depresión, la insolidaridad, etc.

Nunca podemos dar por concluida la búsqueda de la felicidad, tiene mucho más que ver con adentrarnos en nuestra interioridad, conocernos en profundidad para liberarnos de muchas esclavitudes. Vivir libres y conscientemente armonizando los deseos de bienestar y superación, apreciando lo que ya tenemos y hemos conseguido. Pero la felicidad nos impulsa siempre más allá, hasta los límites. La felicidad está enraizada en lo hondo del ser, en la propia persona, que la libera y la ensancha, la transforma y la encamina hacia la solidaridad, hacia la justicia, la paz y el amor.

El secreto de esta búsqueda, está en estar atentos a este esplendido regalo, que es un tesoro escondido, una perla preciosa, aprender a disfrutar de todo lo que agranda y fomenta la vida dentro y fuera de nosotros, aunque sea pequeño y humilde. Aprender de nuevo a mirar, a escuchar, a saborear con hondura los encuentros de las personas, el amor, la amistad, el silencio, la naturaleza, la belleza. Pero para que sea del todo plena, debemos vivir abiertos a la esperanza, mirando hacia el futuro, en esta dirección se sortean y vencen los obstáculos, y se alivian las desgracias.

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