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¿Qué aportó 'El Quijote' al mundo del fútbol?
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¿Qué aportó 'El Quijote' al mundo del fútbol?

Actualizado 20/03/2024 10:35
Manuel Rodríguez García Marogar

“Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra (…) mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno”. (El Quijote, Cervantes).

A veces, a los futboleros, se nos puede “ir la olla” y llegar a conclusiones un tanto peregrinas. Serían como esos sueños de fútbol donde rematas los balones más inverosímiles y, cuando despiertas jadeando, entusiasmado, descubres que muchos sueños se cumplen, pero la mayoría “se roncan”.

Hoy se me ha ocurrido hablar del valor principal de la obra “El Quijote” de Miguel de Cervantes que serviría al fútbol por todos los aspectos simbólicos con los que contribuye. Porque el autor vivió mucho antes de que el fútbol actual se inventara y no pudo aportar cuestiones prácticas, de hecho, él mismo hubiera sido un “privilegiado” futbolista porque hubiera cometido el 50% de las faltas por manos… Dicen que Cervantes sufrió tres heridas de arcabuz, que le dejaron inutilizado parcialmente el brazo izquierdo, aunque nunca fue “manco” como se dijo insistentemente.

Las manos son el gran invento del fútbol de los últimos años, a tenor de las polémicas suscitadas en su manera de sancionarlas. A Cervantes nunca le faltó o le cortaron la mano izquierda, porque “manco” significa “inutilizado” en la época. Por supuesto, Alonso Quijano hubiera sido ese jugador idealista, que todo “lo intentaba a machamartillo”, innovador, creativo, que estaría en candelero todas las horas del día bien jaleado por la prensa sensacionalista. Incluso lo estarían jaleando para que el seleccionador nacional “trague” (Cuestión que ya va siendo muy habitual) con las recomendaciones periodísticas). También Sancho Panza hubiera sido un pivote “de mucho peso” aunque corto de estatura impedido para dominar el juego aéreo, buen colaborador, buen complemento de Quijano. Aunque montara en pollino su fortaleza futbolística hubiera sido la velocidad, como todos los futbolistas metidos en carnes, bajos y “chaparritos”. Por qué no, podría jugar en las bandas, quizás de defensa lateral, incluso por su racionalidad habría manejado la táctica con pura sensatez, poniéndole el sentido común de todos los viejos zorros del fútbol

Posiblemente, la obra de Cervantes ha sido más traducida que el Reglamento de Fútbol, incluso que la Biblia. Las referencias deportivas se suceden en la obra cumbre de la literatura española. Don Quijote fue muy dinámico, caballo, espada, esgrima, combates en justas, etc. Incluso, es posible que el “bálsamo de Fierabrás” fuera el precursor del “Linimento Sloan” (“El hombre del bigote”) y todos los antiinflamatorios más nombrados de la época.

“Cervantes reivindica la figura del deportista completo en varias ocasiones. Esta figura ejerce sobre él una fascinación de forma que nos lo presenta como un héroe humanista, acercándose muy mucho al concepto del viejo arete? griego: el campeón es un héroe que tiene que ir acompañado, además de la belleza física y de la victoria, de otros atributos que le confieren su categorización como hombre: ha de ser prudente, noble, caritativo, generoso, valiente, de forma que encarne las virtudes que Homero había fijado en Palamedes”. (Según “El pensamiento deportivo en El Quijote”, de José Manuel Zapico García).

(…) “En Don Quijote resalta, antes que nada, una metamorfosis espiritual, en cuya virtud el tipo humano del Hidalgo Manchego, para poder vivir a ras de tierra en el humano mundo de Castilla, tiene que librarse del peso de las preocupaciones materiales…” Como en todas las manifestaciones futbolísticas clásicas, Don Quijote representa “abnegación”, “sacrificio”, “arrogancia”, “ímpetu”, “aventura”, “libertad”, “sufrimiento”, “fracasos”, “arriesgado”, “encantador”, “imaginación calenturienta”, “impulsos generosos”, “ardor invencible”…

Todos son valores de los buenos futbolistas. De todo se aprende, muchos futbolistas no habrán leído a Cervantes pero hubieran aplicado bastante su filosofía en prestaciones futbolísticas modernas…

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