Lunes, 26 de febrero de 2024
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Hoy va de química orgánica
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Hoy va de química orgánica

Actualizado 11/02/2024 19:44
Francisco López Celador

Pertenezco a la primera promoción del bachillerato con revalidas en cuarto y sexto cursos, además del “Preu”. Es decir, de la época en la que el rey de espadas todavía era cabo 1º. Siempre admiré a los bachilleres de la etapa anterior -con 7º y Examen de Estado- porque llegaban a los estudios superiores con conocimientos tanto en materias de ciencias como de letras. Con nosotros ya comenzó una suave discriminación: los de ciencias teníamos clases de latín y filosofía obligatorias, además de otro idioma a elegir –en mi caso, francés o inglés-. Los últimos cambios han sido más radicales hasta el punto de llegar a prescindir de amplios campos de lo que podíamos calificar como cultura general. Un licenciado en Derecho, Filosofía, Historia o Sicología, por ejemplo, es posible que nunca haya oído hablar de trigonometría esférica; como que ingenieros, químicos o biólogos, no tengan ni idea del método mayéutico empleado en filosofía. Ni tanto ni tal calvo.

La semana pasada, para mi sorpresa, pude comprobar que nuestro presidente hablaba del metanol como un experto en química orgánica. Para ello es preciso conocer la naturaleza del compuesto y sus propiedades. Si no tienes ni idea de lo que es el metanol, alguien cercano debe apuntarte que se trata, precisamente, del material que emplea la fachosfera para atacar a este gobierno- y a todo el que no piense como él-, por tratarse de un líquido incoloro, inflamable y tóxico. Se ve claramente al abanico de conocimientos que encerraba su famosa tesis doctoral. Entre la horda de asesores de la Moncloa hay un químico de primer nivel. El que vale, vale; y el que no, ¡a la oposición!

Confieso que mis conocimientos de química son muy elementales. Recuerdo los nombres, la tabla periódica de elementos, algo sobre formulación, aparte del conocimiento de los materiales que se emplean en mi profesión. Todo ello, unido a la llamada cultura general, me permite citar un nuevo compuesto: el monóxido de carbono, CO, ese gas que se produce en una combustión incompleta y que, casualmente, también es un gas incoloro, inodoro, insípido y muy tóxico. En cantidades importantes puede originar la llamada “muerte dulce”. La falta de oxígeno en la sangre puede ocasionar el paro de órganos vitales, sin que la víctima se dé cuenta.

Espero que, en el equipo de leñadores y bomberos de servicio en La Moncloa, se vigilen con el máximo rigor las grandes cantidades de monóxido de carbono que salen a diario por la chimenea del palacio, y que, al extenderse por toda la nación, tienen a la mayoría de españoles con los primeros síntomas de la hipoxia.

Lo malo del gas monclovita es su alevosía. Se utiliza a sabiendas de sus consecuencias, conscientes de su peligrosidad, buscando la situación indefensa de la víctima y asegurando la inviolabilidad del causante. En el fondo, no deja de ser una ironía. El gas, aunque se pretenda, no puede elegir a sus víctimas; acabará contaminando a propios y extraños. Las consecuencias de esta combustión incompleta que está sufriendo España también tendrán repercusión sobre los pirómanos. Cuando escasee el oxígeno, nadie quedará ileso.

Visto lo visto, sería bueno que el equipo asesor se diera un baño de realidad. Para ello debe pisar la calle, los transportes, las pequeñas y medianas empresas, los mercados y supermercados, los campos de cultivo y las explotaciones ganaderas. Si lo hace, podrá comprobar cuántos protagonistas son de extrema derecha, es decir, la fachosfera. Una buena parte de ellos, hartos de que este gobierno no los haga ni caso, están ocupando calles y carreteras con sus tractores. He procurado leer sus pancartas y escuchar sus voces y no he visto a ninguno cantando el Cara al Sol; sencillamente, porque no tienen ni idea de ese himno. no lo han oído nunca. Esa historia ya no cuela, ni en España ni en Bruselas.

El verdadero problema que preocupa en La Moncloa se llama Puigdemont. Todo lo demás queda aparcado. El golpista prófugo, primer responsable de los graves excesos del 1-O, está viendo cómo se tuerce el candoroso camino que tenía preparado para su vuelta a España, y no se fía de Sánchez, cosa lógica. Aprieta las tuercas hasta el máximo sabedor de que Sánchez no se juega menos que él. El presidente se preocupa más de independentistas y terroristas que de empresarios, agricultores y ganaderos. ¡Ah! Los que no estamos comprendidos en esos colectivos, que somos muchos, también notamos la hipoxia.

Los vientos que corren por España y por Bruselas están empujando a los gases que salen de la chimenea de La Moncloa a derecha e izquierda. Cuando le falte el oxígeno, Sánchez estará dispuesto a arrebatárselo a los menos allegados, antes de asfixiarse. Llega el momento de que los verdaderos estudiosos de la química encuentren la reacción necesaria para que se cumpla la ley y nadie en España se quede sin oxígeno. Todo el mundo, manos a la obra.

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