Jueves, 22 de febrero de 2024
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El bello y el tractorista
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LA CRÓNICA DE JESÚS CID

El bello y el tractorista

Actualizado 11/02/2024 05:18
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Cayetano Rivera y Tristán Barroso cortaron dos orejas cada uno

Con lleno en los tendidos y una tarde absolutamente desapacible, fría y ventosa siempre, lluviosa por momentos, se ha celebrado el primer festejo serio y de pago del Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo.

Erales de Juan Manuel Criado; chicos, de pobres defensas, flojos y nobles. Destacaron el primero; premiado con la vuelta al ruedo y el cuarto, también de noble y pastueña condición.

Cayetano Rivera, dos orejas. Paco Ureña, palmas. Manuel Diosleguarde, silencio. El novillero Tristán Barroso, dos orejas.

No había más que ver donde se arremolinaban los fotógrafos antes de iniciarse el paseíllo para saber quién era la vedette del espectáculo. Porque lo que está claro que en este como en casi todos los eventos la presencia, o sea aquello que muestras, es más importante que la esencia, o sea, aquello que tú eres. Hacían hoy el paseíllo dos toreros de un corte tan distinto que uno piensa que entre los dos se consuma el modelo de torero perfecto. Por un lado Cayetano todo glamour con la temporada hecha antes de empezar cómo y dónde quiera y por otro Paco Ureña, un torero espartano que habiendo triunfado decenas de veces en corridas de corte épico ha de ganarse el jornal tarde a tarde a base de voltereta y cornada.

Fue tan fácil, apacible y cómoda la tarde de Cayetano en Ciudad Rodrigo gracias a un animalito todo nobleza, obediencia y sumisión que es posible que no la haya tenido tan placentera en años. Tarde de entrenamiento y entretenimiento en la que es cierto que siempre estuvo muy metido con el animal sin un titubeo ni un borrón que desdijera la inmaculada nobleza del novillo. Todo fue tan de verdad que por momentos parecía de mentira. Tan pulcro e inmaculado que en ningún momento dio la sensación de pasar ni por el más mínimo apuro hasta rematar con una certera y eficaz estocada para cortar dos orejas tan merecidas como irrelevantes.

De Paco Ureña sabemos o podemos deducir que si no hubiese estado hoy anunciado en Ciudad Rodrigo y mañana en Valdemorillo es posible que habría estado con su tractor cortando algunas de las carreteras que unen los territorios de este país. Él dijo hace tiempo que su mayor ilusión era ganar dinero para comprarle un tractor a su padre y yo imagino que después de tanto trago amargo lo de este Sábado de Carnaval no habrá supuesto para él ni el más mínimo avatar con un eral tan insignificante en presencia como insustancial en su juego. No pasará esta, ni de lejos, por una de las más apretadas de su correosa, accidentada y épica carrera. Ni será tampoco donde le hayamos visto exigirse ni exponerse como acostumbra.

Tristán Barroso ya había toreado en este coso justo después de la suspensión del Carnaval por la pandemia. En el año 2022 había sido uno de los aspirantes más destacados, si no el que más, en un certamen en el que se proclamó triunfador el vallisoletano Mario Navas. Mitad francés mitad español ,este chico aglutina en su toreo la esencia de las dos culturas, por un lado el arrebato y el sentimiento latino y por otro el poso y la solemnidad de la que hacen gala los toreros galos. Recibe a su novillo con dos-tres faroles de rodillas que por fin calientan a un público abúlico y frío en consonancia de la tarde. Comienza con la muleta con ceñidos y ajustados naturales para dejar claro quién manda allí. Firme y asentado continúa su labor por el pitón derecho en una faena que mantiene siempre el nivel y en la que se ven sin duda los mejores momentos de la tarde. Rotundo con la espada despacha al bravo y noble animal de un certero espadazo que le vale para cortar dos muy merecidas orejas.

Por cierto en ese último novillo se produce un pequeño incidente o conato de altercado. Sale el picador de Tristán Barroso con una indumentaria muy poco taurina, es cierto. Trenca con gorro rematado de plumas de las que pueden llevar cualquiera en un día cualquiera. Dos aficionados, se ve que muy puristas o nostálgicos ellos, la emprenden a improperios con el varilarguero dolidos y escandalizados, parece ser, por lo indecoroso de su vestimenta. Uno de estos dos sujetos no contento con dar la nota durante el festejo baja del tendido y se acerca fuera del coso hasta donde se encuentra el picador con insultos y amenazas, ante el asombro de los espectadores de la tribuna del Ayuntamiento y la infinita paciencia del picador, que no hubiese hecho nada de más si se lo hubiera quitado de encima con un sopapo.

Son las cosas del alcohol. Son las cosas del carnaval.

J.CID