Lunes, 15 de abril de 2024
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El artículo que escribí hace un año: La canción “El Pedrito pío” y la necesaria catarsis nacional
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El artículo que escribí hace un año: La canción “El Pedrito pío” y la necesaria catarsis nacional

Actualizado 09/01/2024 07:41
Francisco Delgado

Ha pasado un año exacto desde que escribí este artículo y la noticia implícita es que durante todo el año 2023, no solo no ha habido la menor mejoría en el clima político entre los parlamentarios del Congreso de los Diputados, sino que, después de haber tenido dos Elecciones a nivel nacional, en Autonomías y en Municipios, y otras nuevas Legislativas en julio pasado, las descalificaciones y agresiones han dado un paso más, en la expresión de manifestaciones intimidatorias en las calles.

Sin embargo, en la economía, en el crecimiento de empleo, en políticas energéticas, en servicios sociales, la mejora durante el año 2023 ha sido significativa: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que nos hace recordar aún la cancioncita de “El Pedrito pío” y la frase “estáis todos como una cabra” del final?

Como gesto simbólico repito el texto que escribí hace un año exacto para mostrar cómo en valores de convivencia hay que avanzar, pues la democracia está amenazada.

A las 23h de la pasada Nochevieja el humorista José Mota nos deleitó en TVE con su programa de fin de año previo a las doce campanadas; dentro de él pudimos escuchar un peculiar “Estado de la…canción”, retomando la antigua canción infantil “el perrito pío”, rebautizada con el título de “El Pedrito pío”.

José Mota nos demostró con su creación de este “estado de la canción” de tres escasos minutos de duración, que utilizando un humor agudo y respetuoso, se puede hacer una parodia del traumático clima actual, habitual de las sesiones del Congreso de los Diputados, y un manifiesto de protesta nacido del más hondo sentir de la ciudadanía contra el clima de descalificaciones, insultos, falta de respeto de los representantes del pueblo, que utilizan cada vez con más frecuencia algunos diputados.

El jocoso “manifiesto” de Mota está lleno de virtudes: humor, brevedad, sencillez, agudeza, educación y libertad de palabra. De tal manera que, a mi juicio, “El Pedrito pío” podría convertirse en el himno eficaz y pacífico para una campaña nacional contra las malas formas en las sesiones del Congreso de los Diputados.

Esta campaña, además de ser en primer lugar una petición popular al Congreso para que CAMBIEN EL MODO AGRESIVO de interactuar impropio de un Parlamento democrático, se convertiría en algo que el clima emocional colectivo de nuestro país necesita para recuperar una normalidad en la convivencia: una catarsis colectiva.

Este es un país carente de la serenidad y normal alegría de vivir que por sus actuales condiciones socioeconómicas tendría que disfrutar: aunque no faltan problemas importantes por resolver, no estamos en uno de los peores momentos de este siglo, ni del siglo pasado. El esperanzador momento actual no se debe ni a las derechas ni a las izquierdas, ni al mero hecho de ser miembro de la Unión Europea, sino a la interacción de las tres fuerzas: a las ideologías y políticas conservadoras, a las progresistas y al papel dinamizador de Europa en la progresiva construcción de una Europa supranacional. Varios artículos de opinión de la prensa europea más prestigiosa se han referido en los meses pasados a la falta de razones objetivas que sustenten la tensión y rechazo radical mutuo entre Gobierno y Oposición y al pesimismo generalizado de la población española.

“Estáis todos como una cabra”, sigue la letra de “El Pedrito pío” de José Mota, después de haber hecho un repaso a cada uno de los grupos políticos del Parlamento, transformados metafóricamente en especies animales nada terroríficas: gallinas, mulas, burros, patos, pavos, lobos, gallos, cabras…Y finalizando a modo de resumen:

“En las Cortes había un respeto, eso se olvidó, eso se esfumó, eso se perdió…” termina la canción solicitando la recuperación de ese respeto, necesario para todo tipo de estabilidad, incluida la estabilidad emocional de la población: no tenemos por qué seguir estando los españoles entre los primeros consumidores de tranquilizantes del mundo. Se impone una catarsis colectiva, generosa, lúdica, con la mirada en el largo plazo, sin negar, pero sin volver obsesivamente a las traumáticas etapas pasadas.

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