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Votar: uno de los actos de máxima responsabilidad
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Votar: uno de los actos de máxima responsabilidad

Actualizado 10/07/2023 09:20
Francisco Delgado

El acto de votar en las elecciones generales del propio país es uno de los actos que se sitúan en una encrucijada insustituible y paradójicamente ambigua en la conducta ciudadana; ir a votar el día de las elecciones es por una parte un acto de libertad esencial y a la vez tiene un cierto imperativo de obligatoriedad, precisamente por la gran responsabilidad que conlleva: de hecho en muchos países ir a votar es obligatorio y está sancionado su no cumplimiento.

Es uno de esos escasos momentos en la existencia de un ciudadano de un país democrático en el que la expresión máxima de su libertad individual y su deber consciente de ciudadano se unifican en la puerta de ese centro o colegio donde va a emitir su voto. El acto de emitir su voto es el momento excepcional donde va a dejar constancia de qué modelo de sociedad, en cuanto a economía, trabajo, prestaciones sociales, valores, cultura, enseñanza, etc., desea o prefiere de los modelos imperantes. Y ese crucial acto de libertad y responsabilidad está protegido por un dispositivo de autenticidad y confidencialidad.

Con profundo acierto al día de la votación se le califica de LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA. Pues es el día de la celebración colectiva de un acto que diferencia radicalmente las naciones civilizadas de aquellas con regímenes carentes de libertad.

Pero el concepto de libertad es en su conjunto tan ideal y complejo, que desde que se iniciaron las sociedades democráticas no hay un total acuerdo social sobre qué límites poner al conjunto de opciones políticas en juego; ¿es necesario permitir a las ideologías que no son partidarias de las libertades públicas que compitan con las que afirman que solo las ideologías respetuosas con las libertades deben ser legales? El triunfo del nazismo en unas elecciones democráticas en la Alemania del siglo pasado, dio el poder a A. Hitler y llevó a toda Europa a una guerra y situación de catástrofe única en la Historia.

Sin embargo, la pregunta sobre los límites sigue vigente y la respuesta implícita es que solo los votos emitidos dirán quién gobierna y quién no gobierna durante esa legislatura.

El no acudir voluntariamente a las urnas el día de la votación, (no habiendo ningún impedimento físico para ello), trae consigo un límite interior en el individuo que se abstiene: no podrá quejarse, ni al “Destino” ni a nadie, de que su opción no haya salido triunfadora. Pues con su ausencia del juego democrático, especialmente en el día crucial para la dirección de un país, ha expresado su incapacidad de tomar una dirección o su falta de suficiente interés en la vida social a la que pertenece.

En relación a las conductas individuales en una convocatoria electoral, la peor conducta posible para el propio individuo es la misma que define la Psicología clínica, en su Teoría de la comunicación: lo más dañino para el sujeto que desea comunicar algo es no expresar nada, es decir, ausentarse del diálogo que le concierne.

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