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La inteligencia apenas influye ya en el nivel profesional, social o económico alcanzado
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La inteligencia apenas influye ya en el nivel profesional, social o económico alcanzado

Actualizado 03/10/2022 08:22
Francisco Delgado

Los psicólogos que hemos trabajado en décadas pasadas en el campo de la selección de personal, hemos visto cómo, en general, en nuestra sociedad han ido desapareciendo los criterios que utilizábamos para una eficaz selección de la persona y el puesto laboral que las empresas deseaban poner en marcha: el nivel de inteligencia adecuado, la capacidad de dirigir o coordinar grupos pequeños, la creatividad, la facilidad para las relaciones humanas, la experiencia profesional, eran, entre otros más secundarios, los criterios decisivos para lograr un puesto de director de departamento, jefe de sección, responsable de un área de la empresa, y de numerosos puestos de nueva creación.

Actualmente, no ya solo en el mundo de la empresa, sino en la política (¡sobre todo en la política!) o en el organigrama de todo tipo de instituciones, el nombramiento de un candidato nada tiene que ver con los criterios mencionados; otros criterios muy diferentes son los decisivos: la presencia física, los vínculos sociales o las influencias políticas, cuando no claramente la pertenencia a una agrupación política determinada, son los factores decisivos en los nombramientos. La formación en el campo donde se sitúe la actividad, la experiencia en dicho campo, la capacidad intelectual general del individuo, son los factores que menos cuentan en la elección.

Este hecho lo vemos más claramente en el mundo de la clase política, pues esa es la clase más visible públicamente, la que más se exhibe en los medios y la que, en los últimos tiempos aparece juzgada, vilipendiada, casi nunca alabada. Últimamente se ha llegado a extremos tan audaces, en esta contradicción entre el nivel mínimo de capacidades teóricamente exigidas por el puesto y/o la función y los errores de personajes públicos, que grande anécdotas “tragicómicas” se desplazan hacia el espectáculo, el error histórico o la comedia:

Un diputado que se equivoca en el momento de la votación de una importantísima ley sometida a votación en el Parlamento, emitiendo el voto contra su propio partido, un dúo de comerciantes que compra para el Ayuntamiento madrileño mascarillas, al parecer ( según la prensa) inventándose un inexistente proveedor malayo, de nombre San Chin Choon, y dejando errores de coherencia durante todo el proceso de “compra”, un Presidente de una de la mayores empresas nacionales que públicamente califica de idiotas a sus clientes, son solo tres ejemplos de los numerosos que diariamente la prensa y las redes sociales publican.

“¡Abajo la inteligencia!”, “¡abajo la responsabilidad con los bienes públicos”, ¡” abajo con la búsqueda de la mayor eficacia y racionalidad en las inversiones!”, parecen ser los eslóganes y guías de nuestra vida colectiva actual. El criterio que impera, “el único objetivo es el mayor beneficio del gestor o inversor” crea a su alrededor una ineficacia tan grande que lo que se percibe con poco más que el sentido común es que en nuestro país la gran mayoría de las instituciones y empresas no funcionan.

Podríamos decir metafóricamente que se ha perdido la brújula o que cada uno ve los puntos cardinales de desarrollo de un país donde le interesa en cada momento. Si alguien autorizado proclama: por allí está el Norte, por allí el Sur, por allí el Este…miles de voces responderán: “¡¡¿No estará la brújula manipulada?!!”.

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