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'Encuentro en Salamanca' cierra brillantemente el Festival 'Salamanca, lenguaje universal de cultura'
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VEINTE AÑOS DE SALAMANCA CIUDAD DE CULTURA

'Encuentro en Salamanca' cierra brillantemente el Festival 'Salamanca, lenguaje universal de cultura'

CULTURA
Actualizado 07/06/2022 22:38
Charo Alonso

El oratorio teatral con acompañamiento de piano del reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras, Juan Mayorga, suena de nuevo en el Liceo

Narrativa, poesía, música, danza, ciencia, gastronomía, lengua, teatro... Salamanca celebra los veinte años de la capitalidad cultural con un Festival que ha llenado calles y teatro y nos ha dejado con el orgullo emocionado de ser y seguir siendo una ciudad de cultura. Isabel Bernardo, coordinadora del Festival, apoyada por la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes y por el Ayuntamiento de Salamanca, cuya concejala, María Victoria Bermejo, ha estado siempre presente, cierra el festival dando las gracias a las instituciones, al público que ha llenado los eventos, a sus protagonistas y sobre todo “A los hombres de negro, a los técnicos que lo hacen todo posible”, al mismo tiempo que invita a subir al escenario al profesor Román Álvarez, partícipe de los actos que han culminado con una representación muy especial.

El público, para finalizar este despliegue de cultura, ha tenido la oportunidad de escuchar a dos grandes de la escena: la directora teatral salmantina Helena Pimenta y el dramaturgo del grupo Ron Lala, Álvaro Tato. Dos formas de vivir en escena que finalizan una serie de charlas cercanas y cómplices a la luz de un Liceo siempre lleno, atento al goce de la palabra compartida. Como compartida ha sido la dramatización de un texto muy especial, llevado con mano maestra por el director teatral y actor José Antonio Sayagués, que ha tenido momentos de intensa emoción.

Emoción cuando el actor, ahora cercano y conocido de todos por la serie de televisión que coprotagoniza, recibe a la pianista María Guerras y bajo la imagen del cielo de Salamanca, la invita a tocar melodías de esta tierra que ama y que le vio nacer. Emoción en absoluto contenida cuando la exquisita pianista, tan aparentemente frágil frente a su hermoso, infinito instrumento, evoca los sones de la tierra de Dámaso Ledesma en una musicalización tan hermosa como entrañable que tiene en “Los mozos de Monleón” la mano de Federico García Lorca. Música para iniciar una pieza breve que Mayorga, estos días flamante ganador del Princesa de Asturias de las Letras, escribió para inaugurar la Capitalidad Cultural de Salamanca, un encuentro fuera del espacio y del tiempo que recorre la historia literaria de Salamanca.

Ya lo dijo en la presentación Sayagués, quien afirmó ante Pimenta que lo poco o mucho que sabía de teatro lo había aprendido de ella: “El escenario es un espacio que no tiene medida, es eterno”. Y es en esa eternidad en la que los personajes se encuentran tras charlar con el Lazarillo, admirarse del Licenciado Vidriera, tropezar con Celestina, descubrir a Fray Luis, admirarse con Colón y terminar hallando a un Unamuno que afirma que “En Salamanca se oye a un pensar”.

Es Unamuno y su escena del paraninfo la que resuena en el teatro como un aviso. Y la fuerza actoral de Sayagués, fantásticamente secundado por Nuria Galache, por un admirable Ignacio Pérez de la Sota y por un Carlos Vicente al que aún recordamos interpretando hace bien poco a Pármeno, se despliega del todo. Es la emoción que cierra, brillante, apasionadamente, estos días de cultura. Y lo hace recogiendo un texto tan hábil, tan hermoso, tan certero que no han pasado veinte años por él si acaso, para engrandecerlo. Bello ejercicio metaliterario que en su día se interpretó con grandes actores bajo la dirección precisamente de Helena Pimenta y que nos recuerda el riquísimo patrimonio literario de una ciudad admirable que tuvo y tiene su protagonismo en la literatura.

Un pasado que se vuelve presente a cada paso que se da, recreación y homenaje, modernidad y tradición orgullosa de sus raíces. Porque si hay algo que se ha repetido a lo largo de estos actos, además de la gratitud y la entrega del público, es el orgullo de una Salamanca no solo universitaria, sino conocedora de su importancia, dispuesta a sacar pecho y demostrar, desde sus mismos habitantes, el compromiso con la cultura. Una cultura que se cierra, como no podía ser de otra manera, con un aplauso, el del público que llena uno de los lugares más emblemáticos de Salamanca, un teatro lleno para seguir apostando por esa cultura que viene a poner en escena la modernidad, mientras, a la vez, lo nuestro sube al escenario para ser aplaudido. Y la música, la palabra, la actuación, la fiesta de la cultura, bajan el telón... momentáneamente... porque ya estamos pensando en el siguiente montaje, en la siguiente actuación, en el próximo libro, en la ciudad viva de la cultura que palpita y palpita.

FOTOS: Fernando Sánchez Gómez

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