Miércoles, 06 de julio de 2022
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“Llegaron cohibidos, pero después de pasar unas horas con ellos, solo te querían abrazar”
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PATRICIA RIVAS Y ELENA NAVARES, VOLUNTARIAS DE LA FUNDACIÓN MADRINA

“Llegaron cohibidos, pero después de pasar unas horas con ellos, solo te querían abrazar”

COMARCAS
Actualizado 18/06/2022 18:45
Vanesa Martins

“Nosotros hacemos muchas cosas, estamos aquí para ayudar”, cuentan Patricia Rivas y Elena Navares, dos de las voluntarias de la Fundación Madrina que se encuentran en el Colegio Inmaculada de Armenteros con los niños ucranianos. Ambas son de Madrid, Patricia va y viene a días porque, como ella misma explica, “es complicado estar de manera fija aquí porque tenemos trabajos, familias”. Por su parte, Elena se ha ofrecido a estar un mes entero en el Colegio. Pero no son las únicas, junto a ellas hay otros voluntarios que también van y vienen desde Madrid para ayudar y acompañar a estos pequeños que han huido de la guerra.

Su trabajo comenzó antes de que los refugiados llegaran a España. Patricia detalla que, con el estallido de la guerra, la Fundación, con Conrado Jiménez, su presidente, a la cabeza, se fueron hasta Polonia con un objetivo claro: ayudar. Una vez allí, se pusieron manos a la obra y comenzaron a ver que sus actos tenían efectos. “Conseguimos traer a niños con sus madres, buscábamos familias en España y lugares donde pudieran quedarse”, explican.

Ahora, en la localidad salmantina, llevan ya más de dos meses con estos menores. Patricia recuerda perfectamente el día que los vio por primera vez, sus rostros y sus gestos. “Estaban muy cohibidos”. Eran cerca de las cinco de la mañana cuando el avión aterrizó en la base militar de Torrejón. “Yo iba disfrazada, con dos coletas y una nariz de payaso”, cuenta Patricia. “Teníamos globos y estábamos muy alegres. Cuando bajaron del avión y nos vieron, no querían nada con nosotros, no nos miraban, estaban muy desconfiados”, cuenta.

Pero con el paso de los minutos la situación iba cambiando. “Empezamos a darles chocolate que teníamos y a decirles cosas, a jugar con ellos.”. Y la cosa empezó a ser diferente. “El cambio desde que han llegado ha sido brutal, parecen otras personas. Son niños que, después de haber estado tres o cuatro horas con ellos, ya solo te querían abrazar, se les notaba que eran muy cariñosos”.

Desde la Fundación Madrina resaltan la generosidad del padre Blas a la hora de acoger en Armenteros a estos ucranianos. Desde Madrina trabajan para conseguir que la gente les ayude, que vayan a Armenteros a hacer actividades con ellos, buscan alimentos, dinero, etc. “En definitiva nos movemos”.

Por su parte, Elena cuenta que “hago de todo”. Su principal labor se encuentra en el comedor y en la cocina, donde sirve de apoyo. La primera semana fue cuando más voluntarios tuvo Armenteros. “Había que organizar todo, las donaciones que se habían recibido eran muchísimas”, explica.

Como voluntarias, explican que la principal barrera frente a la que se encuentran es la del idioma. “Siempre tenemos a alguien que sirve de traductor, de intérprete. Hay veces que vienen en persona y otras veces que están al teléfono”.

Sin duda la labor de los voluntarios, como Patricia y Elena, es fundamental para que estos pequeños, que han tenido que huir de su hogar, de su ciudad y de su país, puedan seguir adelante, sin olvidar que siguen siendo niños.

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