Miércoles, 06 de julio de 2022
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Pascua del enfermo 2022. Recuerdos y reflexiones
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Pascua del enfermo 2022. Recuerdos y reflexiones

OPINIóN
Actualizado 25/05/2022 08:43
Antonio Matilla

La Pascua es, desde un punto de vista, el proceso de enfrentamiento entre dos Misterios –o sea dos “cosas” que no podemos dominar, sino que ellas nos dominan a nosotros- el del Mal y el del Bien. Mal y Bien lucharon en el cuerpo, en el alma y en el espíritu de Jesús, es decir, en su persona. Aparentemente en la Cruz venció la Muerte. Pero algunas mujeres y los apóstoles, testimoniaron paulatinamente, a lo largo de semanas, meses y años, que había vencido la Vida porque Jesús, el Cristo, había resucitado de entre los muertos (la Resurrección tiene relación con la fe), dejando el Sepulcro Vacío (eso lo ve cualquiera, incluso un guardia del Templo de Jerusalén, con tal de que tuviera ojos).

La Pascua tiene muchas versiones y, en mi caso, puedo dar fe de la lucha “a muerte y a vida” que libraron el Mal y el Bien en el campo de batalla de mi sistema linfático. Después de ocho años, todos los indicios racionales dan fe de que la vida, provisionalmente, ha vencido y el mal, en este caso un linfoma relativamente raro, ha sido vencido. Durante ocho años he estado enfermo y mi Pascua personal está durando, de momento, ocho años…menos dos meses.

Digo todo esto porque el Domingo celebramos la Pascua del Enfermo, en la que hemos pedido por los enfermos, por sus cuidadores -familiares o profesionales-, por los médicos y los sanitarios en general, por el Sistema Sanitario, tanto público como privado –“el que más sepa, que más cure”-; no me puedo quejar, antes al contrario, doy gracias a Dios por el excelente funcionamiento del Sistema Público de Salud, concretamente el Servicio de Hematología de nuestro Hospital Universitario, personalizado en la Dra. Belén Vidriales Vicente y en Patricia, enfermera de Ensayos Clínicos; tampoco me quejo, sino que felicito a tres instituciones sanitarias privadas que me ayudan en diferentes aspectos de mi salud: la clínica Cricer de Fisioterapia, dirigida por el Fisioterapeuta maratoniano Jorge Nieto y su esposa Marta, fisioterapeuta pulmonar, que tan bien me recuperó de la neumonía; la Dra. Oftalmóloga Josefa María Vinuesa, recientemente jubilada, por desgracia para mí y por suerte para ella y su familia, y la Clínica Las Claras que revisa mi vista ahora; así como la Clínica odontológica Albucasis y, en concreto, el Dr. Javier García-Palao Redondo y su ayudante Carmen.

No sé si Jesús de Nazaret curó a algún enfermo de linfoma. No consta. Sin embargo, sí consta que los apóstoles, después de la Resurrección de Cristo, hacían, más o menos, los mismos signos y curaciones que hacía Jesús. ¿Qué pasa, es que no les había enseñado otra cosa? No, simplemente que el Misterio del Mal se manifestaba con las mismas enfermedades que quince o treinta años antes, durante la vida pública de Jesús. El mundo había cambiado poco.

Pero algo sí que había cambiado Jesús. Al menos cuatro actitudes:

1) Había que luchar contra la enfermedad, no resignarse con ella, ni huir de ella.

2) Los enfermos estaban entre las personas preferidas de Jesús, lo que a él el creaba inconvenientes, como prohibirle entrar en algún pueblo porque antes había tocado, acariciado, a un leproso.

3) Para Jesús, los enfermos tenían, ante Dios, la misma dignidad que los sanos. Esto no era un principio abstracto y metafísico y tenía una consecuencia práctica (moral) inmediata: los cristianos tenían la obligación moral de cuidar a los enfermos en general, no solo a sus personas queridas.

4) En tiempos de Jesús, los niños y niñas no pintaban nada, eran fundamentalmente un estorbo hasta que crecían y podían ser útiles para el trabajo o para ser prometidas en matrimonio. Según Jesús, había que cuidar, educar y defender a la infancia, porque los adultos “teníamos que hacernos como niños para entrar en el Reino de los Cielos”. Expresándolo de modo negativo: no al infanticidio ni al abandono de los niños, que eran las dos “técnicas” más empleadas en aquella época para “controlar la natalidad”. ¿Puede estar aquí el fundamento de la oposición cristiana al aborto?

Estas actitudes y comportamientos concretos de Jesús, tuvieron sus consecuencias prácticas en la Historia de la Iglesia, de la Humanidad y de la Medicina. Intentaré dar pistas al respecto el próximo miércoles.

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