Viernes, 27 de mayo de 2022
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Con alas de golondrina
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Con alas de golondrina

OPINIóN
Actualizado 06/05/2022 08:41
Mercedes Sánchez

Quién sabe a dónde se dirige el vuelo de aquellas golondrinas con sus alas puntiagudas. A lo largo del tiempo estas aves continuarán haciendo pender sus casas de las construcciones humanas, bajo los aleros, como tazas en un vasar invisible, quizás con encajes de nieve. Ya escribió Virgilio (siglo 29 a. C.) que colgaban sus nidos de las vigas. De tu balcón, dijo Bécquer en el s. XIX. Dónde anidarán en las ciudades aniquiladas, me pregunto. Cómo podrá seguir viviendo la vida tras tanta muerte encadenada. Tendré que creer a Shakespeare, cuando me cuenta que la esperanza vuela con alas de golondrina.

La abubilla exhibe su peineta de madrina mientras emite su canto acompasado. Su pareja la sigue a todas partes y juntos descubren la mullida alfombra de hierba que tienen bajo sus patas saltarinas.

La observación de la naturaleza hace florecer brotes de sabiduría. Las gaviotas planean jugando con el aire cuando los vientos son fuertes. En vez de encogerse ante la adversidad, extienden al máximo sus alas y se mantienen levitando, esperando un soplo más favorable. Es un placer verlas disfrutar, imagino, pintando en su pico una sonrisa, yendo, a su antojo, del inquieto mar a sobrevolar la multitud de flores silvestres que les regalan, unas tras otras, las primaveras.

Como aves, a veces nos despegamos del mundanal suelo. Me gusta cuando mi corazón se llena, quizás provisionalmente, de paz, de calma, de un sabroso sosiego que viaja por cada poro de mi piel acariciando sueños incontables, uno a uno tan íntimamente unidos sin principio ni fin que pueden bailar un sirtaki dando saltos de alegría en una noche iluminada por farolas solares.

El tiempo, que a veces cae a plomo sobre nuestra existencia, en ocasiones se para y nos abraza, nos ofrece un amplio espectro de múltiples tonalidades que aligeran nuestro peso, nuestra carga, la permanente mochila a la espalda y la convierte en pluma de ave, espuma compartida, y la vuelve nube esponjosa, mousse de nata en nuestra copa de brillante cristal que es, a veces, la vida.

Cumpliendo esta semana, a la vez, cuatro años y otra decena, 210 artículos con las fieles personas que me leen.

Mercedes Sánchez

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