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OPINIóN
Actualizado 29/04/2022 09:04
Juan Robles

Acaba de haber elecciones en Francia. Y ahora falta ir a por la segunda vuelta. La primera vuelta la ganó, contra lo que suele ocurrir normalmente, el presidente actual, Emmanuel Macron. El presidente último, por lo general no suele repetir mandato. Si al fin culmina su triunfo, será una novedad el hecho de que repita el actual presidente.

La lucha ha sido con la segunda competidora, la señora Le Pen. Se temía que ésta venciera. De hecho, subió muchos puntos. Pero sólo le queda la esperanza de vencer en la segunda vuelta. O en la siguiente convocatoria electoral. Europa también temía la victoria de Le Pen, porque ella ha manifestado estar en contra de la actual Europa. Y a España le afectaba también esta posible victoria, porque los partidos actuales parecen reflejar una situación muy similar a la francesa. Con gran fragmentación entre partidos, y con una gran tendencia a la abstención, lo cual viene a desvirtuar la función electoral.

Recientemente hemos tenido elecciones en la comunidad de Castilla y León. Y aunque la victoria ha sido para los populares, no ha llegado tan lejos como para poder gobernar ellos solos. Por eso, los vencedores han tenido que pactar y formar gobierno contando con el partido Vox, de extrema derecha, y próximo a la ideología de Le Pen, con gran escándalo de los contrincantes de izquierdas.

Y ahora acaban de ser anunciadas las elecciones de la comunidad andaluza para el próximo 19 de junio. Y ahí puede presentarse la misma situación de Castilla y León, y que el partido popular tenga que gobernar con el apoyo del partido Vox, que tiene allí muchos seguidores.

Y los analistas políticos están ya previendo que puede llegar pronto el anuncio de las elecciones nacionales. Con posibilidad de que haya que contar también para un posible gobierno del PP, con la formación derechista del partido Vox.

Como vemos, el sistema de elección de presidente por medio de los partidos políticos es bastante limitado. Pero parece más arriesgada la opción que muchos prefieren, sobre todo jóvenes, es decir, la opción asamblearia, donde los votos individuales cuentan directamente para la elección del presidente de la nación, de la comunidad o de la sociedad de que se trate como, por ejemplo, una comunidad de vecinos.

Estas comunidades menores sí se pueden gobernar en elección directa. Aunque hoy suelen estar acompañadas las elecciones por un secretario de entre los administradores de fincas. Así, la elección del presidente de la comunidad de vecinos es más fácil. Porque todos tenemos experiencia de las dificultades de elección cuando la comunidad era directamente responsable de la elección.

Toda comunidad política, económica o de simple convivencia, necesita valerse de vez en cuando del ejercicio de la elección. Por eso existen las elecciones presidenciales o legislativas, tanto del nivel del estado como del nivel autonómico o local.

Hay países que no tienen elecciones, y así les luce el pelo, porque se trata de perversas dictadoras, en las que uno, el más poderoso, toma las decisiones por todos y para todos, que deben atenerse a ellas sin haber tomado parte en ellas por medio del propio voto.

Hay otros países en los que sí está establecido el sistema de votaciones, pero con unas leyes tan estrictas, que sólo pueden dar el resultado a favor del que tiene el poder.

Por eso, lo mejor son las democracias liberales que disponen de normativa de voto a través de los partidos aprobados legítimamente. Es verdad que no siempre estos partidos se rigen internamente por normas democráticas, y así no pueden trasladar el sentido democrático a la legislación y a la práctica electoral del propio país.

Los legisladores, y el sistema judicial independiente, tendrán que cuidar de que funcionen las instituciones a través de la práctica de elecciones verdaderamente libres, y no dominadas por grupos particulares de presión o por magnates económicos que descomponen el sistema electoral democrático.

Los que votamos hemos de preocuparnos, no sólo de votar, sino de vigilar la normativa y la práctica de gobierno, y de exigir que se cumplan las promesas que los partidos políticos han proclamado abiertamente en la campaña electoral.

¿Seremos capaces de mantener el orden y el progreso democrático a la hora de emitir nuestro voto en cualquiera de los comicios electorales?

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