, 22 de mayo de 2022
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Sale la Inmaculada
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Sale la Inmaculada

OPINIóN
Actualizado 30/04/2022 09:59
Tomás González Blázquez

Era el momento. Ya se había cuadrado la carga, hombro con hombro, de los numerosos cofrades que habían acudido a la convocatoria. Ya se había hecho espacio desplazando las otras andas, en ese encaje de bolillos al que siempre estamos jugando en la pequeña capilla que no lo es tanto. Ya nos habíamos vuelto a poner al banzo apenas unos días después del Domingo de Resurrección y habíamos hecho la maniobra precisa para enfilar un paso que era nuevo para todos. Era el momento de abrir la puerta el pasado miércoles, se abrió… y granizaba.

Claro, más azul que la Inmaculada de Gregorio Fernández no la hay ninguna, y también lo es para cumplir con las pluviales costumbres. Azul desde 1622, cuando la Cofradía de la Vera Cruz la recibió en Salamanca y la sumó al riquísimo patrimonio local, joyero que seguiría enriqueciendo la más antigua de nuestras hermandades. Siempre que ha llovido ha escampado y por fin, ante la expectación de los cofrades, con rostros de estreno e incertidumbre de novatos, se pudo probar la salida de la preciosa imagen por la reducida puerta del templo. Si Dios quiere, este 1 de mayo de 2022, en el cuarto centenario de la imagen, desde las diez de la mañana, todos los salmantinos podrán presenciar la procesión de la Inmaculada, junto a Santa Elena y el Lignum Crucis, por las calles de la ciudad. De la Vera Cruz a la Catedral, donde celebrar la Santa Misa del domingo tercero de la Pascua en la fiesta fundacional de la cofradía (¡516 años cumple el día 3 de mayo!), y de la Catedral a la Vera Cruz, a partir de la una del mediodía.

Sale la Inmaculada y con ella sale la misma Historia. Cuatro siglos de presencia en una cofradía que lo es de la Santa Cruz pero también de la Purísima Concepción, advocaciones universales a través de las cuales se puede leer la particular manera en que Salamanca ha ido viviendo los días santos de la Pasión, con unas raíces perfectamente reconocibles y una identidad innegable. Historia de instituciones locales adheridas a la causa inmaculista, con el Concejo a la cabeza pero también la Universidad y el Cabildo Catedralicio. Historia viva de España, la monarquía católica que ha abierto más horizontes a la misión de la Iglesia en todo el orbe y que en la Inmaculada abraza la defensa que brinda tan alto patrocinio.

Sale la Inmaculada y con ella se muestra el camino que, por medio del arte, tiende a la belleza perfecta y eterna, la belleza de Dios. Vestida de sol y con la luna bajo sus pies, versículos de Apocalipsis hechos madera, la silueta inconfundible recoge una plegaria serena como sus manos orantes, y en sus ojos misericordiosos descansan los que la miran, y en su corona triunfa la cruz porque no podía haber mancha en la que iba a gestar al Hijo de Dios, en atención a sus méritos en el Calvario, que aquella sangre derramada por Él ya había lavado el alma de la Madre.

Sale la Inmaculada y con ella procesiona su Cofradía, la nuestra, por la que nunca dejo de sentirme enviado a vivir mi bautismo y así lo espero hasta mi muerte. Vera Cruz de encuentros y reencuentros, de nostalgias y tantos nombres, de los que estuvieron y anhelo que vuelvan, de los que habrán de llegar, de los que mañana se ponen la túnica por vez primera, sangre de mi sangre, y de los que marcharon vistiéndola hacia la patria del Cielo. Vera Cruz de bricolajes y costuras, de risas y llantos, de cantos y silencios, de pasos que pesan y pesos que pasan. Vera Cruz que, por supuesto, cuenta mañana con todas las demás cofradías, como si fuera Domingo de Resurrección, ese día que lo es de todos como no puede ser de otra forma, porque también es de todos la Madre sin pecado concebida.

Sale la Inmaculada y es una confesión de fe que se propone, sí, haciendo profesión en procesión. Que se agradece como un don. Que siempre necesita ser aumentada. Que se lleva temblorosamente como las flores de mayo en las manos de un niño, las vasijas de barro de la inocencia y de la sencillez a las que estamos llamados a volver convertidos. Aunque caiga el granizo de la minoría y hasta del desprecio, porque si es el momento, y siempre lo es, no podemos avergonzarnos del Evangelio.

Mañana, por la pequeña puerta de la Vera Cruz, sale la Madre de Dios, y bajo su manto azul cabe el mundo entero.

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