Miércoles, 18 de mayo de 2022
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El último viaje
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El último viaje

OPINIóN
Actualizado 11/04/2022 09:35
Jesús Garrote

Después de dos años sin poder salir de España por la pandemia, ochenta y seis personas entre alumnos y educadores hemos recorrido Italia en dos autobuses litera. Reventón de una rueda y avería de autobús con sustitutos italianos y franceses, se ha cumplido lo previsto.

De la república antes de Cristo al imperio después. La torre de Pisa, la cúpula de Brunelleschi, la puerta del Paraíso de Ghiberti en Florencia. El Coliseo de los gladiadores en Roma, cuyo mármol pisamos en la basílica de San Pedro. La carrera del palio en Siena, la subida al Vesubio, Pompeya, Nápoles diluviando. En Venecia, la bizantina San Marcos con su león, sus góndolas y traghettos. En Milán nos despedimos dejando parados los autobuses nueve horas, para pasear por la catedral, galería y las tiendas de moda y derroche.

Hay que creer mucho en los chicos y la fuerza de la cultura para embarcarse en esta aventura por la historia, con una importante inversión económica y asunción de riesgos. Los educadores que se quedan y los que van requieren gran organización, desde la comida de las latas a los itinerarios.

Una mayoría no había salido de España, otros ni habían visto el mar, por lo que se han bañado en una playa cercana a Venecia y en San Sebastián a pesar de hacer mucho frío.

Escribiendo el diario demuestran que se enteran de más de lo que parece.

El día antes de salir había una energía positiva y también riesgo de fuga y lágrimas de los que no querían ir y ahora han venido encantados. La evolución es adaptación y alguna de nuestras niñas gitanas tienen costumbres muy acomodadas de burger King.

Se nota la diferencia de educación entre las hijas de los educadores, que comen de todo y ya tienen un hábito de cuidarse.

Ha habido sorpresas de algún chico etiquetado de infractor que se emocionaba ante los monumentos y lo que significaban. Otro que decía que todo estaba en google. Pero la convivencia incomodada y atípica, con más intimidad en grupos pequeños familiares, nos ha obligado a derribar diagnósticos y a reír con razones y sin ellas.

Un Miguel Ángel que esculpía la Piedad con veintitrés años o pintaba la Capilla Sixtina no era un obediente alumno de las escuelas de entonces.

Poco hemos aprendido de la historia cuando los grandes genios normalmente fueron castigados por la sociedad de su tiempo, rechazados y juzgados.

Quién puede asegurar que un viaje no pueda servir para inspirar el genio de uno de los nuestros. Ha sido con chicos nuevos el último viaje de la escuela viajera de Santiago 1.

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