Lunes, 17 de enero de 2022
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El silencio de las hojas otoñales y el sonido de las máquinas limpiadoras

El silencio de las hojas otoñales y el sonido de las máquinas limpiadoras

OPINIóN
Actualizado 04/01/2022 08:30
Francisco Delgado

Aprovecho el estreno del año Nuevo para pedir a nuestro Consistorio salmantino el que se planteen un pequeño cambio en el área de limpieza de la ciudad, cambio cuyas bondades justificaré en las líneas que siguen.

Ahora que todas las hojas de los árboles de hojas caducas están ya en el suelo, o recogidas convenientemente para abono o para el uso que el Ayuntamiento haya decidido, ahora que los motores de las máquinas supuestamente “limpiadoras” de hojas otoñales, se han silenciado y los oídos de los vecinos pueden descansar de la agresión sufrida a lo largo de largos días del pasado otoño, es el momento de sacar el interrogante de si hay en las máquinas centrifugadoras que se utilizan en nuestros ayuntamientos ( y en muchos otros fuera de Salamanca, lo sé) alguna virtud, valor u objetivo que permanece escondido.

Pues lo que veo ( y padezco) en las numerosas horas que abnegados jardineros luchan por agrupar las hojas caídas el día anterior, es una máquina que cual potente ventilador las esparce por el contorno a diestro y siniestro. Y siendo tan indisciplinadas estas hojas bajo la supuesta orden de que se agrupen, finalmente el jardinero termina recurriendo a sus botas que logra en pocos minutos lo que la máquina no ha podido lograr en horas.

¿Cuál ha sido el motivo de que máquinas tan ruidosas e inútiles hayan invadido nuestros jardines, plazas, calles turísticas, para, en el mejor de los casos, recojan, aspiren o esparzan ( según el viento de ese día) cuatro colillas, tres papeles, cinco vasos de plástico y dos mascarillas, después de una hora?

El preguntarme por el motivo de la existencia de estas caras máquinas limpiadoras (en sus dos variantes, la que lleva a sus espaldas el limpiador y la que sobresale como trompa de elefante desde vehículo con buen asiento) en nuestras calles y jardines me ha llevado sorprendentemente a la lengua española, exactamente al verbo BARRER. La conclusión a la que he llegado es que el verbo y la acción de barrer han sufrido un rechazo generalizado en toda la población. La acción de barrer, el sustantivo barrendero, no le gusta ya a nadie: deber sonar a un oficio o tarea humillante, que nadie soporta. Seguro que cualquiera prefiere decir que es un “técnico de limpieza”, que decir que es un barrendero municipal. Pero la diferencia entre ambos oficios se basa en que el primero utiliza una máquina inútil y que deja sordo a todo peatón con el que se cruza y el segundo utiliza ( o utilizaba) un utensilio que sigue siendo el más eficaz, útil y silencioso para la limpieza de cualquier superficie.

Señor concejal de limpieza de plazas, jardines y calles de Salamanca: muchos miles de salmantinos que soportamos muy mal los ruidos por encima de unos cuantos decibelios (y que nos pasa igual que a la mayoría de animales) le estaríamos eternamente agradecidos si nos concediera este “pequeño” regalo de Año Nuevo y da la orden de no volver a sacar a esas “bestias” sopladoras.

Paralelamente, los que nos dedicamos a escribir, contribuiremos con una campaña de rehabilitación del digno oficio y palabra castellana de barrendero, mucho más útil para la higiene pública que todas las máquinas que todo lo centrifugan y no recogen nada.

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