Martes, 18 de enero de 2022
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El virus que no cesa

El virus que no cesa

OPINIóN
Actualizado 04/12/2021
Francisco Aguadero

¡Ay ese desventurado y maldito virus que no cesa y que, por segundo año consecutivo, no nos dejará pasar las navidades en paz! En España estamos iniciando la sexta ola, cuando otros países europeos ya la están padeciendo en plenitud. Europa está que arde con la nueva oleada de contagios por la Covid. En países como Alemania, Francia, Holanda, Eslovaquia, Hungría?, se han despertados los viejos fantasmas que limitan las libertades, confinan a la gente, provocan el sufrimiento y acarrean la muerte.

El 2020 fue el año en el que hubo más fallecidos en España durante el último siglo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) murieron 493.776 personas, 60.358 de ellas identificadas por Covid. En 1920 fallecieron en España 494.290 personas, muchas de ellas debido a la pandemia conocida como "la gripe española", que azotó duramente a España entre 1918 y 1920, llevándose por delante a cerca de 200.000 vidas humanas en un país de unos 20 millones de habitantes.

Aquella pandemia, mal conocida como tal, porque el brote original tuvo lugar en una base militar de Kansas en EE.UU. a principios de 1918 en el que murieron 48 soldados. Aunque otros afirman que dos años antes ya se habían detectados algunos casos en Francia y China. España, al margen de la Primera Guerra Mundial, fue el país que más se preocupó por informar sobre la evolución de la misma, mientras que los demás países se hallaban inmersos en los avatares de la Gran Guerra. Le dieron el nombre de allí de donde llegaban las noticias, la comunicación, siempre la comunicación determinando las cosas.

Por el contrario, 2020 fue el año en el que hubo menos nacimientos en los últimos 120 años, desde 1900, casi desde el siglo XIX. Según el INE, el año pasado hubo 339.206 nacimientos, un 5,9 % menos que el 2019. Veremos cuál será el balance del 2021 cuando pase este su último mes. También fue el 2020 el año con más suicidios en España (3.941) desde el 1906 en que se tienen datos registrados. Esto supone que la tasa de suicidios en España es de 7,76 por cada 100.000 habitantes, bastante menor que la media a escala mundial, que es de 9,4. Lo que pone de manifiesto el deterioro de la salud mental de la población, agravada por las consecuencias de la pandemia.

En España empieza a ser motivo de preocupación el continuo crecimiento, a lo largo de las últimas semanas, de la tasa de incidencia acumulada por Covid. Ha pasado de estar en menos de 50 a 234 infectados por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, cuando se escriben estas líneas. La sexta oleada de la Covid ya la tenemos aquí, amenazando vidas humanas, la libertad y el pasar unas navidades en paz.

Por si la amenaza era poca, aparece la nueva variante de la Covid, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denominado Ómicron y que no es otra cosa que una variante más del coronavirus, pero que la Unión Europea (UE) cree que, en pocos meses, la mitad de las infecciones de Covid serán causadas por esta variante. Sobre la cual, el Centro de Control de Enfermedades (ECDC) alerta de que los primeros estudios sobre la misma, indican que es más contagiosa que las anteriores variantes aparecidas.

Para unos, la nueva versión del virus se detectó por vez primera en Botswana el 11 de noviembre, para otros, fue en la provincia de Gauteng, cuya capital es Johannesburgo, Sudáfrica, detectada el 22 de noviembre. Kilómetros arriba o abajo, lo cierto es que el número de países que notifican casos de Ómicron a escala mundial y especialmente en la UE, entre ellos España, sigue aumentando.

Para el ECDC, hay una serie de incertidumbres en torno a esta nueva variante en términos de potencial, gravedad y transmisión. Si bien los primeros datos sugieren que se da una diseminación más rápida que en otras variantes anteriores.

Hace unos meses hablábamos en esta columna sobre la necesidad de liberar la propiedad intelectual de las vacunas contra la Covid, como un gesto de solidaridad con los países pobres y sus gentes, una cuestión de derechos humanos. No liberar esa propiedad, retrasarla u obstruirla, tiene unas consecuencias claras, reflejadas en una mayor transmisión del virus, enfermedad y muerte descontrolada de personas en países con recursos limitados y amenaza para los países ricos ante la incertidumbre sobre el comportamiento impredecible del coronavirus. Las mínimas y calamitosas cifras de vacunación en muchos países del mundo, ponen de manifiesto que la responsabilidad y la solidaridad brillan por su ausencia.

Faltan muchos datos e información sobre la variante Ómicron en cuanto a su carácter destructor, transmisión y resistencia a las vacunas en curso, pero sí ha puesto ya de manifiesto la desigualdad en el acceso a las vacunas y sus nefastas consecuencias. El mundo entero se ha alarmado ante la aparición de Ómicron. Tras considerarlo la OMS como de "un alto riesgo", una gran parte de los países han reaccionado de forma defensiva, aplicando medidas restrictivas que suponen un mayor aislamiento de aquellos países africanos con menos recursos.

Es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto más pobres más circula el virus, más baja es la tasa de vacunación y más posibilidades hay de que surjan nuevas variantes que se esparcen por todo el mundo. Moraleja, nadie se libra, es una lucha mundial, o nos salvamos todos o nadie está a salvo.

El acceso universal a las vacunas es uno de los pilares básicos para ganarle la partida al coronavirus. Las vacunas mitigan la amenaza a la sociedad, su eficacia no admite dudas. El esfuerzo investigador contra el coronavirus es el mayor que se ha hecho en la historia. Cabe pensar que las vacunas que van contra el coronavirus haya que repetirlas anualmente, en los próximos años. La responsabilidad individual y colectiva sigue siendo clave para el control de la pandemia y para que podamos tener unas navidades en paz.

Escuchemos a José Luis Perales y su Navidad (Dedicada a las Aldeas Infantiles Sos)

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