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La historia de Aren, que llegó al Centro Ave María con 23 años y dos niñas: “Esto fue mi...
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La historia de Aren, que llegó al Centro Ave María con 23 años y dos niñas: “Esto fue mi...

LOCAL
Actualizado 28/08/2021
María Fuentes

Su testimonio es el reflejo de una vida marcada por el coraje y el valor para recomponerse y seguir

Dos maletas, dos carros de paseo de bebés y un billete destino Salamanca. Miedos e incertidumbre en las dos horas y media que unen Madrid con la capital charra. Así llegó Aren al Centro Materno Infantil Ave María con sólo 23 años y sus dos niñas: Rosanely, que ahora tiene 3 años; y Nayra, ahora con 2.

Actualmente tiene 26 años. Su historia es el reflejo de una vida marcada por el coraje y el valor para recomponerse y seguir. "Llegar a esta Casa fue un punto y aparte. Vivía una situación tremendamente dura y llegar aquí supuso encontrar una familia, un hogar, una oportunidad para poder empezar de cero", relata Aren emocionada.

La historia de Aren, que llegó al Centro Ave María con 23 años y dos niñas: “Esto fue mi... | Imagen 1Ella es de Nicaragua. Su situación económica le obligó a dejar su país siendo menor de edad. Su primer destino fue EE UU, allí vive su padre. Dos veces intentó vivir allí, consciente de que estaba en una situación irregular, y no lo logró. Fue reportada a Nicaragua. Así, con 19 años, su padre logró sacarle un pasaporte para venirse a España y con esa edad aterrizó en Madrid. "Yo era muy joven y no era fácil encontrar trabajo, estaba desubicada. Busqué muchísimo y logré entrar como interna en una casa. Conocí al padre de mis hijas, y muy pronto me quedé embarazada. Ahí cambió todo. Yo trabajé hasta los 8 meses del embarazo porque necesitaba ese trabajo para poder pagar la habitación donde vivía. Tuve a mi niña y los problemas con su padre se acentuaron, vivía sola con mi bebé y no podía trabajar. A pesar de la relación tan tensa que teníamos, me quedé embarazada de nuevo y llegó mi segunda hija, y ahí todo se complicó más aún. Me llegué a plantear darla en adopción porque sabía que conmigo no podía vivir. En el hospital no podía parar de llorar. Recuerdo esa sensación tan dura. Hasta el momento del parto tenía ese convencimiento, pero al ver su cara me armé de valor y decidí seguir hacia adelante. Vivíamos en una habitación las tres, la pagué hasta que pude, pero sin trabajo, era imposible. Nos visitaban los profesionales de Servicios Sociales y ahí fue cuando me hablaron de este Centro en Salamanca. Al principio no quería venirme porque ya no me fiaba de nada ni de nadie, me resultaba extraño que me fueran a ayudar a cambio de nada, es muy duro", relata.

A pesar de las dudas, decidió aceptar esos billetes de tren y llegó a la estación con sus dos niñas. Rosario, la directora del Centro, la recibió. "Cuando llegamos aquí y vimos las habitaciones, al resto de niños, las instalaciones? me parecía que esto era un sueño. Desde el principio me sentí arropada, entendida y querida. Me ayudaron con los trámites de solicitud del permiso de trabajo. De momento lo logré por cinco años y estoy feliz".

Actualmente, trabaja en un bar, pues previamente se ha formado en la Escuela de Hostelería de Santa Marta. Su hija mayor va al Colegio, la pequeña va a la guardería. Son dos niñas felices, totalmente integradas y con muchas ganas de vivir. "Hasta que llegamos aquí mi niña mayor no sabía lo que era jugar con niños, relacionarse? venirme aquí cambió los esquemas de mi vida y marcará para siempre el futuro de mis niñas".

Su sueño ahora es consolidar su puesto de trabajo y poder alquilar un piso, ser independiente, "salir al mundo", pero siempre cerca del Centro que cambió sus vidas. No quiere irse de Salamanca. Su proyecto de vida está aquí. "He aprendido a creer en mí misma, a ser capaz de confiar en las personas y ya puedo expresar cómo me siento, sin miedo a ser juzgada", concluye.

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