Quienes no padecen la intolerancia al gluten no suelen reparar en lo que sucede con los celíacos católicos. Hoy por hoy, y no sin debate, el sacramento de la Comunión ya no es un problema por la presencia de gluten en la hostia. La iglesia, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe -que cuando se pronunció sobre este asunto en 1995 estaba bajo el mandato del cardenal Ratzinger, hoy papa emérito-, estableció las pautas para la Comunión de los celiacos. Así, solo las obleas son válidas si en ellas permanecen la cantidad de gluten suficiente para obtener la panificación y si el procedimiento usado en su elaboración no desnaturaliza el pan. Por ello, se permite a los celíacos comulgar bajo la forma del vino; es decir, bebiendo del cáliz y también con obleas elaboradas a partir de almidón de trigo que hayan sido tratadas para reducir su contenido en gluten hasta límites tolerables. Para evitar contaminación, que sería muy dañina para los intolerantes a la proteína, se recomienda la utilización de un cáliz diferente al del sacerdote.
A este respecto, la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica estableció, después de diversos estudios, que el peso medio de la oblea consagrada es de 184,5 mg y que el contenido medio de gluten por cada una es de 17, 4 miligramos, lo que representa un peligro para los pacientes celíacos. Sin embargo, las obleas hechas con almidón de trigo, que es la harina sometida a un proceso de extracción del gluten -la ?molturación húmeda?-, no deberían dar ningún problema pues mantienen una cantidad máxima de gluten de 0,016 miligramos por kilo, un porcentaje perfectamente tolerable para los enfermos y también para la panificación. Siguen siendo cuerpo de Cristo.
La ?molturación húmeda? consiste en dividir las partes del almidón y el grano. El resultado es la obtención de almidón, proteína, aceite y fibras. El almidón es más denso que la proteína así que ambos se separan naturalmente, sin embargo este está contaminado, por ello se limpia y centrifuga hasta que queda sin resto alguno de la proteina responsable de esta enfermedad crónica.