El verano es la estación de las promesas. Todo parece poder cumplirse. Y una suerte de sensación de eternidad se apodera de nosotros, ilusos. Pero la mujer que se dirige a casa, en este crepúsculo de la imagen, realiza su tarea cotidiana campesina, sin ser consciente, pero no le importa, de que, ella sí, vive en la justa duración de las estaciones y en ellas realiza su tarea y se salva, sin importar
le nada más.