Este castaño machadiano, que duerme ya en la eternidad para siempre, es la mejor metáfora del invierno: tiempo de las semillas enterradas que, como los sueños, esperan ser resurrección algún día, realizarse en la plenitud que toda eternidad implica. Enorme tronco carcomido que, en su entrega callada y mansa, a la destrucción de lo que queda de su materia, nos habla de esa sabia aceptación de un destino cumplido en todas sus fases: porque tuvo ramas que echaron hojas y floreció y dio sus frutos..., el mejor cumplimiento.
José Luis Puerto (Texto) / Rosa Gómez (Fotografía)
Viejo castaño de La Alberca, cerca de los huertos Río La Llana, una zona que en la que todavía quedan numerosos árboles centenarios similares.
