Miércoles, 23 de octubre de 2019

¿Por qué la ficción siempre nos echa una mano?

La ficción ha existido desde el mismo instante en que pisó la Tierra el ‘Homo sapiens’. Porque los mecanismos cerebrales por medio de los cuales nos acercamos a la realidad son básicamente idénticos a los que empleamos a la hora de crear o apreciar una ficción. Su suma nos ha convertido en lo que somos: organismos autoconscientes, bucles animados.

Verdad de Perogrullo confirmada por las ciencias cognitivas: todo el tiempo, a todas horas, no sólo percibimos nuestro entorno, sino que lo recreamos, lo manipulamos y lo reordenamos en el oscuro interior de nuestros cerebros —no sólo somos testigos, sino artífices de la realidad—.

[…] Si la ficción se parece a la vida cotidiana es porque la vida cotidiana también es —ya lo suponíamos— una ficción.

Jorge Volpi

[Img #431294]

Releyendo algunos textos del neurólogo António Damásio en su libro En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos, como consecuencia del impacto (no por inesperado) del reciente fallecimiento del también neurólogo y escritor británico, Oliver Sacks, recordé la lectura de un librito por sus escasas páginas, Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción, del novelista mejicano Jorge Volpi, sobre el que escribí algunas notas que ahora rescato para ustedes.

El motivo tiene que ver con este ¿fenómeno?, afortunadamente en auge, del estudio y divulgación de los adelantos y avances conocidos en el campo de las neurociencias. Y en nuestro caso, en su relación con la lectura, con la construcción de la ficción y sus consecuencias.

El libro en cuestión, por su carácter eminentemente divulgativo, pero en absoluto de una divulgación al uso, puede resultarnos útil a la hora de acercarnos, desconozco si por primera vez, a los recientes descubrimientos sobre las funciones psicológicas y cognitivas producidas por el circuito neural, e intenta responder a cuestiones como las que a continuación les planteo:

¿Qué pasaría si comprobáramos que la ficción, es decir, la lectura de novelas, cuentos, poesía, no sólo sirve [Img #431296]para disfrutar con el contenido de las historias y el placer o goce de la palabra bien escrita?

¿Y si cayéramos en la cuenta de que cuando nos identificamos con los personajes de una historia, cuando sentimos también sus penalidades o nos alegramos con su felicidad, se desencadenan una serie de mecanismos cerebrales que nos hacen sentir como ya vivido lo que estamos leyendo (por eso nos emocionamos), pero sabiendo en todo momento que aquello es pura ficción?

¿A qué nos conduce todo esto?

Sencillamente, lo que está pasando desde tiempo inmemorial, desde que los seres humanos empezamos a contarnos historias los unos a los otros, primero oralmente, luego por escrito, y ahora también utilizando en pantallas las imágenes en movimiento, junto a la voz y el texto escrito: que somos capaces de representar acciones y situaciones humanas, aprender de ellas y, por ese motivo, evolucionar como especie.

En este sugestivo ensayo de Volpi, conocido entre nosotros como novelista de éxito, y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, reflexiona sobre el funcionamiento de nuestro cerebro cuando nos acercamos a la lectura de un texto. Para ello se apoya en recientes avances relacionados con la neurociencia, mostrando cómo la ficción forma parte de nuestra vida cotidiana y también nos ayuda a construir la realidad. Su libro puede resultar controvertido en algunos aspectos, pero nunca deja de resultar interesante, provocando en el lector no sólo el deseo de seguir avanzando en el texto, sino también en buscar nuevas respuestas en autores que el propio novelista, de formación literaria, cita abundantemente.

Su más que sugerente desarrollo nos expone, con razonamientos siempre curiosos, que la función primordial de la literatura no sería conseguir solamente el placer estético si no hacernos más humanos, que no es otra cosa que reflexionar sobre nuestra capacidad para valernos de la ficción como ayuda para construir la realidad.

Las premisas en las que se apoya el autor para desarrollar su trabajo es seguro que no dejarán a nadie indiferente, como podemos comprobar al escuchar afirmaciones de este calibre sobre el ser humano: somos la materia capaz de pensar en la materia. El yo es la mayor invención del cerebro, el yo es nuestra mejor novela:

 

Rafael Muñoz