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Barquilla recupera la tradición de ‘Los Ramos prendidos’ en la noche previa a todos Los Santos

Se trata de una tradición que los vecinos recuperaron en 2018 y que estaba perdida también llamada el día de Los Ramos

 

Un hombre carga el ramo prendido/Rep.Gráfico: Adrián M.Pastor

La noche estaba lluviosa y una gran hoguera iluminaba la Iglesia de Santa Columba. Los habitantes de Barquilla y algunos foráneos que estaban pasando el puente de Los Santos en la pequeña localidad perteneciente a Villar de la Yegua, esperaban impacientes la llegada de los ramos alrededor de la luminaria. Otros esperaban por las calles bajo el refugio de los paraguas que paliaba la escasa lluvia que caía del cielo.

Mientras tanto, tres hombres se acercaban al poblado provenientes del campo, concretamente desde ‘El Calvario’, cargados con un ramo de escobas en llamas que sostenían con un palo.

La imagen a lo lejos era espectacular al tratarse de una noche como en la que emplazamos esta historia. El viento y la lluvia acompañado de la oscuridad de la noche, envolvían a los asistentes en una noche de "Brujas" aunque nada tenga que ver este adjetivo con el contenido de este evento.

Mayores y niños corrían tras los hombres del ramo prendido, que al llegar a la Plaza de la Iglesia lo depositaban en la hoguera para que allí se terminase de consumir en las llamas.

Una vez depositados los tres ramos en la hoguera, los asistentes hicieron un corro alrededor de la misma dando varias vueltas cogidos de la mano.

Previamente, una carbochada o carbotada (depende de la zona tiene un nombre) de castañas asadas había estado al fuego para estar listas a la llegada de los ramos. Frutos secos que degustaron todos los asistentes.

Los vecinos de Barquilla han querido revivir la tradición de Los Ramos, que se recuperó en el año 2018 con la intención de que no se llegue a perder del todo. Esta tradición tiene como eje que los mozos corren con varios Ramos prendidos, que han preparado previamente. El arcipreste de la zona de Argañán, Juan Carlos Bernardos García acompañó a sus feligreses en esta recuperación de costumbre.


Explicación por Julio García Fernández donde se explica la tradición de los Ramos prendidos

Por tiempo de montanera, cuando los jóvenes que aún no habían hecho el servicio miliar estaban pastoreando el ganado, en los ratos de tranquilidad se reunían con otros compañeros y preparaban los ramos días antes de la fiesta de Todos los Santos.

Primero buscaban un ‘vástago’ de encina de una longitud de unos cuatro metros, lo más recto posible y de un grosor que no le causara mucho peso y fuera manejable para el cometido a que iba a ser destinado.

Con esta búsqueda empezaba la rivalidad de los jóvenes, que seguía hasta hacer el mejor ‘ramo’.

El palo se revestía de escobas, ni muy secas ni verdes, ese término medio que conoce bien quien anda en el campo, como si fuera una espiga en casi toda la longitud del palo, menos un par de palmos en la parte más gruesa. Las escobas se sujetaban con zinchos de cáscara de ‘torcisco’, distanciadas entre ellas treinta o cuarenta centímetros. Había que dejar las púas para que las escobas se sujetaran al palo y no se cayeran, antes de ir soltándolas. La búsqueda del palo se hacía con días de antelación, no así la confección del ramo que se hacía el mismo día de Todos los Santos. Lo hacían en grupos de tres o cuatro mozos.

 

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