Ciudad Rodrigo al día

 

Murió Pedrés

Se nos ha ido un toreo de época, albaceteño de nacimiento pero salmantino de adopción, donde echó raíces en su finca de Espeja

Festival de Maestros en Ciudad Rodrigo, de izquierda a derecha: Jose Luis Ramos, Jaime Ostos, Miguel Cid, “El Viti”, “Pedrés”, Curro Romero y Andrés Hernando

La muerte de un amigo es siempre dolorosa, pero si además se trata de un genio, en este caso del toreo, y un ejemplo de persona buena y trabajadora como era Pedro Martínez “Pedrés”, la pesadumbre es aún mayor.

Se nos ha ido un toreo de época, albaceteño de nacimiento pero salmantino de adopción, donde echó raíces en su finca de Espeja, “Los Labraos”, y donde pasó largas temporadas criando el toro bravo, su gran pasión, después de haberlo lidiado con su extraordinaria personalidad, valor y arte.

Pedrés siempre me decía que para ser torero lo primero es tener valor, y tenía razón. Pero además de tener valor había que tener, como él tenía, corazón e inteligencia. Pedrés lo demostró con creces en su larga andadura taurina.

Creo que la última vez que toreó lo hizo en Ciudad Rodrigo en un festival que yo organicé como alcalde. Fue en agosto de 1983 y lo acompañaron nada menos que “El Viti”, Curro Romero, Jaime Ostos, Andrés Hernando y un jovencísimo José Luis Ramos, que debutaba ese día.

Recuerdo también que fue en la Plaza de Santa Cruz, de su propiedad y que siempre tuvo a disposición de quien se la solicitaba, como era el caso del Bolsín Taurino Mirobrigense, para su final anual o, en mi caso como alcalde, para espectáculos musicales hasta el extremo que un día me dijo “me he enterado de que has dado una zarzuela en mi plaza. Ya sabes que la tienes a tu disposición”.


Y es que su generosidad y altura de miras eran ejemplares. A lo que añadía un olfato y una inteligencia especial para resolver los múltiples problemas que primero como torero y luego como ganadero y empresario, la vida le planteaba.

Un ejemplo en todos los sentidos y un gran maestro que creó como torero una forma de torear hoy día seguida por figuras encumbradas que la practican, aunque no lo sepan, como es el toreo del péndulo que él inventó, además de su famosa “Pedresina”.

A su viuda, Teresa Jareño, a sus hijos y demás familia, mi más sincera condolencia, y tengan seguro que no olvidaremos al maestro y su recuerdo seguirá vivo entre nosotros ya que, como dijo Cicerón, “La vida de los muertos permanece en el recuerdo de los vivos”, y así será querido Pedro.