Boga conmigo en el Misissipi

BOGA CONMIGO EN EL MISISSIPI

       La literatura norteamericana empezó con Mark Twain. Antes hubo otros, ya lo sé. Pero la literatura como vibración y vitalidad, como lo contrario el academicismo y el simple redactar bien, empezó con Mark Twain.

      Romper rigideces, contar cosas y hacernos vibrar, eso consigue Mark Twain. Su humor es antídoto contra acartonamientos y mazacotes literarios. La literatura tiene que ser antiliteraria , y solo así consigue ser de verdad literaria. Y por debajo de las falsedades sociales están las pulsiones de la vida, los secretos se manifiestan, en la verdadera literatura . Y los pícaros subvierten, como al lado del Tormes,  el orden social. Y  las retóricas y tinglados  se vienen abajo como castillos de naipes.

     Al lado de la tierra con sus fanatismos está el agua con sus escapatorias, los barcos tan poéticos, la vida. Y al lado del día que todo lo vigila está la noche donde es fácil huir de la vigilancia y  decir verdades. Donde los negros pueden ser negros y  los muchachos cuestionan los prejuicios de sus mayores.  Y la ironía desmantela  las construcciones envaradas. Twain  supo vivir de la literatura y llenar de vida la literatura. Representa a una América que se opone a un viejo mundo  lleno de tradiciones anquilosadas, de jerarquías que no dejan moverse (aunque ahora sea al revés).

       Cuantas veces oímos hablar del Misissipi. Lo escuchamos en las películas, nos parecía el corazón alargado de  Estados Unidos. Cruzarlo era vivir la gran aventura. Y en sus orillas nació la Literatura. Una vez en Compostela, durante aquellas protestas alucinantes de noviembre de 1979 que compararon con el mayo francés, alguien escribió en una pared: “Rector, no debiste cruzar el Misissipi”. Todo dependía de ese río.   

  El Misissipi era la vida.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR