Ciudad Rodrigo al día

 

Rewind 2.0

Prefiero que sea él, el Rubén de dos mil quince, quien os cuente los pensamientos que tuvo, una madrugada parecida a esta, seis años atrás

Hay ocasiones en la vida en las que el exceso de ocupaciones pasa factura a nuestra capacidad creativa, colocando una censura fortísima a la imaginación y privándonos de ese duende tan necesario para generar sentimientos con nuestras letras. En ese punto me encuentro yo en estos momentos.

Ahora mismo escribo estas líneas de madrugada, bien entrada ya.

Mientras buscaba a destajo un tema suculento para intentar liberar mi mente, me he percatado del enorme camino recorrido hasta este momento. No siempre fue de rosas.

He comenzado a leer artículos que mi yo del 2015 escribía con la enorme ilusión de dejarse ver, de demostrarle al mundo que era capaz hacer vibrar mediante las palabras.

Esos textos, cargados de imperfecciones, dejaban entrever las inquietudes y el devaneo mental de aquel joven de tan solo veinte años. Quizá aún no los tuviera.

Hoy no me apetece escribir mucho más. Prefiero que sea él, el Rubén de dos mil quince, quien os cuente los pensamientos que tuvo, una madrugada parecida a esta, seis años atrás.

 

En noches como esta, mientras observo mi rostro avivado por la dulce llama de la esperanza, mi mente comienza a engranarse aprovechando esas escasas horas donde la oscuridad y el sosiego hacen acto de presencia. Arranca un nuevo día para aquellos que creen que puede haber una segunda vuelta de tuerca, una nueva batalla en la que las apuestas están siempre en contra pero… ¿Quién dijo que fuera fácil? ¿Por qué no? ¿Por qué no aquello que estás pensando?

Estas preguntas, carentes de valor si las haces en cualquier otro momento, ahora cobran un sentido feroz, abrupto, macabro quizá. Envuelto en la más oscura soledad, sin nada que te detenga, sin miedos, sin vergüenzas, ¿serías capaz de responder a todo aquello que te perturba? ¿Serías esa persona o te conformarías con vivir una vida vacía?


Recapitulamos y pasamos lista de todos los momentos vividos durante nuestro corto camino. Parece mentira lo simples que podemos llegar a ser. Somos una micra en este mundo, no dejando de ser hormigas que se ríen de otras más pequeñas. Tenemos los mismos miedos, pensamientos y curiosidades día tras día, sin cambiar apenas nada.

Nos repetimos una y mil veces que la vida es muy corta buscando esa negación que nunca llega. Nos empeñamos en seguir rutinas, esquemas cerrados, clasificando todo y a todos, despeñando ilusiones tras pasados juramentos futuros.

Prometemos imposibles, ignorando que nuestros límites están perfectamente acotados. Viajamos buscando ese lugar idóneo que nunca llega. Nos proponemos mejorar en aquello que carece de importancia, descuidando lo más esencial. Cerramos las puertas con llave, sin saber que las volveremos a atravesar una vez tras otra. Rezamos pidiendo milagros a alguien a quien no conocemos, desconfiando de todos aquellos con los que tratamos en persona. Nos imaginamos en mundos perfectos, carentes de necesidades, poblados solo con gustos, preferencias, sueños utópicos hechos realidad.

Hoy mi imaginación marca el inicio y el final de una carrera sin ganadores, de la lucha donde todos ríen ignorando los sueños rotos que reposan el suelo.

Escribo y tan solo enfoco imágenes e imágenes pasando por mi mente a ritmos acelerados, buscando esa pausa vital que ni puedo ni quiero darme.

En noches como esta, he de reconocer que disfruto jugando a ser mi propio yo.

 

Vuelvo a este presente tan golpeado para desearles un buen final de semana y un mejor inicio de la siguiente. Espero que hayan disfrutado de esta pequeña adaptación. La versión original la pueden encontrar en este mismo diario el día 16 de junio del año 2015.

Nos leemos el próximo domingo por aquí o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).