Cinco textos de ‘Inventario de todo lo que huye’, de Emilio Rodríguez

Emilio Rodríguez (foto de Jacqueline Alencar, 2003)

En 2003 publicamos, en Trilce Ediciones, uno de los libros del poeta Emilio Rodríguez, periodista y fraile dominico que estuvo en la fundación de la tertulia y la revista Papeles del martes, en Salamanca. No era la primera vez que solicitaba nuestro apoyo editorial, puesto que en 1995 le publicamos ‘Cantata de Galmaz’, esta vez desde la Cátedra de Poética Fray Luis de León, dirigida entonces por el maestro Alfonso Ortega Carmona y donde yo oficiaba como secretario.

Aquí dejo conocer cinco poemas contenidos en ‘Inventario de todo lo que huye’. Los expongo con una foto inédita de Emilio, tomada por Jacqueline durante su lectura en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos de 2003.

PIEL DE ENTORNO

"en el fondo del ojo el pasado se agrieta"

ANIBAL NÚÑEZ

Ciudad donde vivimos separados,

cultivamos el miedo y colocamos

apliques de metal sobre las bocas.

Barnices que la edad deja en nosotros

o un viento de coral con tantos mástiles

teñidos de ansiedad. Vuelo de espadas.

 

PLANTO

Regresa el peregrino. Árboles turbios

descienden por la orilla del pasado.

¿A cuántos labios diste aquel aliento

que aleja de nosotros la tristeza?

La casa que dejaste abocetada

se puso a crecer sola bajo el hielo.

 

TRAMOYA

(Para Antonio Colinas)

 

Por el alto crepúsculo venían

las manos azuladas, bocas leves,

de tantos seres lánguidos, vencidos

por insano mandato de la lluvia.

Allí también estamos, niños tristes,

haciendo con los dedos nuevas sombras.

 

ESTADO

“…necesito un relámpago de fulgor persistente"

PABLO NERUDA

 

O una mano esquinada, domadora de tedios,

para hacerme señales donde el tiempo termina.

Como días que suspiran ocultando su nombre,

Se acumulan las algas de este mar hostigado.

 

LAMENTACIÓN 1

(Para Luis Frayle)

 

Escucha, Gilgamesh, el de los ojos claros,

escucha este crujir de noches pálidas,

y cómo mi ciudad se contorsiona

ahogada por su propio desencanto.

Percibe, incomparable hijo de Uruk,

este clamor de quicios y alacenas

por sobre los lamentos de los árboles.

Portada  de ‘Inventario de todo lo que huye’, con viñeta de Miguel Elías (Trilce Ediciones, Salamanca, 2003)