Ciudad Rodrigo al día

 

Juguetes rotos

Este fin de semana, como todas las veces que voy, acudí al teatro sin miedos, sin prejuicios sobre la obra, los actores, el atrezo…

Hacía mucho tiempo que no iba al teatro, tanto como meses de pandemia llevamos. Antes viajaba de forma asidua a Madrid y siempre caía un monólogo, un musical, algún concierto, presentación de libro y, como os digo, varias obras de teatro.

Este sector ha sido uno de los que mayores restricciones ha sufrido durante este largo año que llevamos sufriendo. Se ha demostrado que los locales culturales han sido responsables de un porcentaje muy bajo de los contagios totales, siendo el muñeco de sparring sobre el que políticos y “expertos expertosos” han volcado su mala gestión. Ahora ya hemos pasado de cerrar cines, teatros o museos, a entonar el famoso “la cultura es segura” mientras dirigen la mejor sonrisa hacia la cámara de turno. Un voto es un voto.

Este fin de semana, como todas las veces que voy, acudí al teatro sin miedos, sin prejuicios sobre la obra, los actores, el atrezo… Iba con el único objetivo de disfrutar, dejando que este noble arte me sorprendiera una vez más e hiciera las delicias de todos y cada uno de los que tuvimos la suerte de asistir. Y vaya si lo hizo.

Juguetes Rotos, de Carolina Román, interpretada por Nacho Guerreros y Kike Guaza. Apuntad esta obra, por favor. Añadidla a vuestra categoría de “pendientes” solo si tenéis la intención clara de asistir con vuestro cerebro en “modo esponja”, dispuesto a empaparse de todo lo que la historia nos ofrece, que por suerte es mucho.

Cuenta la vida de Mario, un chico que ansía desde pequeño ser mujer y que huye de su pueblo espantado por ese mal trato que todavía hoy se le sigue asestando a estas personas. En su camino conoce a Dorin, una transexual que consigue llegar hasta su alma y le hace ver que solo puede vivir una vida y que necesita abandonar esos miedos que le mantienen sujeto a la represión de una anterior.


“Lo importante no es que te vean, sino que te vean como tú quieres que te vean”. Con frases tan profundas como estas, Dorin consigue que Mario pase a ser Marión y con ello encontrar, de forma definitiva, una felicidad plena.

Es una obra necesaria para todos, grandes y pequeños. Educativa a más no poder, se centra en la felicidad de las personas y no en sus miedos, en esa libertad que promulgamos muchas veces, pero que encubrimos de forma involuntaria (o voluntaria) por detrás. Un espectáculo que se centra en las PERSONAS y no en la identidad de género de las mismas, suponiendo para el público una bofetada de realidad que no deja indiferente a nadie.

Nos cueste reconocerlo o no, hoy en día todavía queda mucho camino por recorrer en este mundo. Agresiones y vejaciones que salen impunes y faltas de respeto constantes por el simple hecho de existir. ¿Tanta envidia les tenemos? ¿Es necesario coartar su felicidad para enaltecer nuestro orgullo? ¿Orgullo de qué?

Me despido ya con una frase que me inculcaron mis padres desde pequeño y que todavía hoy sigue muy presente en mi cabecita, quizá ahora de forma más consciente y responsable. “Tu libertad termina donde empieza la de los demás”.

Nos leemos el próximo domingo por aquí o hasta entonces en Instagram (@rubenjuy) o en Facebook (Rubén Juy).