Las Arribes al día

Villavieja de Yeltes, los caminos del agua

Discurrir del río Yeltes a su paso por el corazón de la charrería, paisajes donde el gris de las piedras de los molinos, canales y pesqueras se funde con el verdor de los valles bajo la eterna mirada de las encinas

Cuando el invierno comienza a desvanecerse bajo los primeros rayos del sol, cuando las lluvias torrenciales hicieron crecer ríos y arroyos, surgen los paisajes conmensurables, sosegados, tranquilos, en esa transición del Campo Charro, de la dehesa al discurrir del agua en los ríos que movieron muelas de molinos tras llenar sus acequias bajo la eterna mirada de las encinas.

Después de nacer en los bordes de la cara norte de la Sierra, el Yeltes toma cuerpo y sus aguas mágicas se adentran en el Campo Charro por Retortillo y su balneario, camino de Villavieja, corazón de la charrería y al que presta su nombre para darle apellido. Es aquí donde se nota su fuerza, en sus espundias entre rocas eternas, espumajeando en cada recoveco para sembrar de esperanza a sus gentes.

Villavieja siempre ha tenido en su Yeltes parte de su vida, en sus pesqueras y molinos, hoy solo restos de un pasado glorioso como capital del Campo Charro y símbolo del toro bravo, como bravas son sus gentes y las aguas del río que corretea por entre sus piedras y se escapa de las pesqueras, ajenas a las canales que un día las domaron para mover sus muelas.

Hoy el Yeltes es un paisaje fastuoso, un camino del agua lleno de rincones en los que admirar la vida que procura a su paso por Villavieja, un lugar para contemplar y recordar, para observar el discurrir de un tiempo pausado en el pasado, entre el verdor de los valles y la serenidad de las encinas centenarias, testigos de un pretérito que por momentos fue mejor.  

Vídeo: Manuel Lamas