Las Arribes al día

Tras el duende del bosque

Desde el pasado 1 de abril y hasta el primer domingo de agosto, así como desde el 1 de septiembre hasta el segundo domingo de octubre, está permitida la caza de ambos sexos

La caza del corzo también tiene su encanto, especialmente por la dificultad que entraña sorprender al ‘duende del bosque’ / CORRAL

Desde el pasado 1 de abril los aficionados a la caza del corzo están de enhorabuena. Desde esa fecha y hasta el primer domingo de agosto, así como desde el primer domingo de septiembre y hasta el segundo domingo de octubre, está permitida la caza de esta especie en ambos sexos, periodos a los que se añade la caza solo de hembras desde el 1 de enero hasta el cuarto domingo de febrero de 2022.

Las modalidades en las que se practica la caza de este pequeño ungulado son el rececho y el aguardo, la primera consiste en la búsqueda, seguimiento y aproximación a la pieza con el fin de abatirla; y la segunda consistente en permanecer en un puesto fijo a la espera de que la pieza objeto de caza se ponga al alcance del cazador para ser abatida. Cabe recordar que en estas modalidades no se emplea perro, excepto para el cobro de piezas heridas, por lo que su suelta solo se realizará una vez producido el lance.

En cualquiera de las dos modalidades el objetivo es realmente complicado cuando se trata del corzo (capreolus, capreolus), pequeño cérvido de movimientos sigilosos y costumbres huidizas que le han llevado a ganarse el seudónimo de ‘duende del bosque’, apelativo que describe su enorme capacidad para pasar desapercibido al mínimo peligro que perciban su excelente oído o finísimo olfato, sentido este último que ha desarrollado de forma extraordinaria y que le ha servido para alcanzar una gran explosión demográfica después de pasar por una situación crítica a primeros de la década de los 70, alarma que supuso el inicio, por parte de la Administración, de la gestión de la especie, hasta entonces reducida a fincas de carácter privado dedicadas al aprovechamiento cinegético.

A excepción de casos como el anteriormente citado, la expansión demográfica del corzo en nuestra provincia se remonta 25 años atrás, llegando en la actualidad a mantener poblaciones estables en lugares impensables hace tres décadas, circunstancia en la que ha influido su adaptabilidad a distintos biotopos como consecuencia de su carácter gregario. Su deformismo sexual se limita fundamentalmente a la ausencia de cuerna en las hembras y por tanto, carentes de valor cinegético. Como en el resto de los cérvidos,  la cuerna en el macho, este de marcado carácter polígamo, juega un papel importante en su ciclo reproductivo, de ella depende su éxito sexual durante la fecundación entre los meses de julio y agosto,  momento que -por otro lado- dará paso al periodo de diapausa embrionaria, fenómeno que consiste en la detención del desarrollo del embrión. Tras 170 días, a finales de noviembre, el embrión continuará con su desarrollo de gestación de 130 días.

Su caza

El rececho y el aguardo son las modalidades de caza del corzo permitidas  en Castilla y León, actividad que se desarrolla a lo largo de buena parte del año, salvo en el mes de marzo, momento en el que tiene lugar el nacimiento de las crías. Tampoco podrá cazarse en parte del mes de agosto, así como desde mediados de octubre hasta el último día de diciembre, coincidiendo con la temporada de caza menor casi en su totalidad.

La carecer de cuerna, las hembras no suelen ser el objetivo principal de la actividad cinegética, si bien la gran explosión demográfica que ha experimentado la especie debido al abandono del campo, la ausencia de enemigos naturales y la dificultad de su caza, obliga a la Administración a autorizar a los titulares de cotos la caza de hembras para controlar sus poblaciones ante los daños que ocasiona a la agricultura y, en especial, los provocados en accidentes de tráfico tras su irrupción en las carreteras. Puede decirse que la caza es aquí una herramienta fundamental de gestión de la especie. 

El corzo es, en general, una especie de hábitos solitarios, aunque las condiciones el hábitat, a través de la distribución de recursos y la disponibilidad de refugio, pueden determinar comportamientos más gregarios, hecho que se ha observado en los últimos años tras que poblaciones de corzo ocupen áreas agrícolas abiertas. Sus preferencias por las zonas boscosas, hace de su caza una dificultad añadida que el cazador debe superar a través de una buena condición física y su astucia, principalmente en aquellos días en los que predominen ráfagas de aire. Será entonces cuando el cazador deba poner en valor sus conocimientos sobre el terreno para acortar la huida sigilosa y casi mágica del corzo que se convierte en asustadiza cuando es sorprendido. Es en ese momento cuando emitirá un característico sonido similar al ladrido de un pequeño perro y que sirve de alerta al resto de congéneres, cuando no de desconcierto en los cazadores más noveles.

El equipo

En cuanto al equipo necesario, se hace fundamental el empleo de prismáticos de calidad contrastada y de más de ocho aumentos, pues no conviene olvidar que es el cazador el que deberá localizar a la pieza y solo unos buenos prismáticos nos garantizarán que el trofeo elegido es el que buscamos. Sobre el arma a utilizar, son los rifles de cerrojo los que alcanzan una mayor precisión y, por tanto, son más apropiados para distancias largas. Sin embargo si el tiro se efectúa a menos de 200 metros, lo más habitual, los semiautomáticos dan buen juego. Al arma debe sumarse una buena óptica, cuanto mayor sea la entrada de luz mejor, siendo muy apropiados los de entre 3 y 9 aumentos, aunque los versátiles de 1,5 a 6 también servirán para disparos de menos de 200 metros.

Cabe recordar que la Ley de Caza de Castilla y León prohíbe la utilización de reclamos de especies no cinegéticas, vivos o naturalizados, y los de especies cinegéticas vivos cegados o mutilados, así como todo tipo de reclamos eléctricos o mecánicos, incluidas las grabaciones.