Ciudad Rodrigo al día

 

Cuantos más políticos conozco, más quiero a mi perro

Solo puedo sacar tres conclusiones, cada cual más derrotista y triste, pero todas igual de realistas y ciertas

¿Os acordáis de esos años en los que levantábamos la mano para hablar? ¿Esos días en los que los debates eran debates? Quizá hoy los más jóvenes tengan dificultades para interpretar conceptos como “turno de palabra”, “respeto”, “coherencia”, “saber estar”… Quizá todos estos términos os suenen a chino, pero tranquilos, no es por culpa vuestra sino por mérito de esos seres despreciables que imponen gobierno sobre nosotros. Imponer gobierno, ¿os gusta? Os la regalo.

Tras observar anonadado los últimos dos esperpentos políticos en nuestro país, solo puedo sacar tres conclusiones, cada cual más derrotista y triste, pero todas igual de realistas y ciertas.

La primera es mi intención de voto. Hace unos cuantos meses lo puse en un artículo dominical como este y hoy lo reitero sin vergüenza. Será tan nulo como los cerebros de esos políticos que intentan representarnos. Nunca lo harán, al menos conmigo. Da verdadera pena que la jugada más inteligente y útil en democracia sea no votar a nadie, pero ya no me valen excusas como “hay que votar, nos ha costado mucho conseguir este privilegio”, “vota porque una persona sola no va a cambiar nada”… No cambiaré nada, es cierto, pero tengo la seguridad de que podré dormir al acostarme por la noche.

Segunda conclusión y quizá la más asquerosa, vomitiva y deplorable de todas. Los muertos durante la pandemia se han convertido en armas arrojadizas con las que noquear al contrario en un debate político. Hemos pasado del “y tú más” al “y tú más muertos que yo”. Es escalofriante la frialdad con la que se tratan hoy en día las vidas de PERSONAS. Me pongo en la piel de un votante de izquierdas, de derechas, o de cualquier partido político, que haya perdido a familiares o amigos por culpa del COVID. ¿Qué pensarán? Ellos están votando a esa escoria humana. Esos que han dicho tal cosa están ahí plantados por culpa de votantes como esas personas, que son cómplices con sus votos de algo semejante. Es una miseria, se mire por donde se mire. ¿Ética? ¿Qué era eso?


Extraigo la tercera con mucha lástima. Estamos bien jodidos amigos. Pero jodidos de verdad. Jodidos hasta ese punto de que votamos por miedo, a lo menos malo, sabiendo que aun así las hostias llegarán. Como panes, espléndidas. Votamos para que los golpes duelan menos. Terrorífico.

Los políticos han conseguido dividirnos como sociedad, haciéndonos pensar que lo que realmente nos separa son las ideas políticas y no ellos. Nada más lejos de la realidad. Hemos creado un país de hinchas, de forofos que defienden a ultranza las ideas simpatizantes por muy rastreras que sean estas. Los medios de comunicación, cómplices de todo esto, son especies carroñeras que sobreviven a base de polémicas como las ocurridas el pasado viernes. ¿Acaso no vende más una pelea de gallos que un debate electoral normal? Vivimos del morbo, del linchamiento, de la violencia. Nos aterra que nuestros niños se insulten, se peguen o se falten al respeto, pero alentamos a los políticos a que se hablen despectivamente y a que no condenen la violencia. ¿Cómo pretendemos que nuestra sociedad avance si los encargados de ello están mamando de este tipo de basura?

Me despido con una última reflexión. Hace unos días vi una entrevista sobre narcotráfico y mafias. El entrevistado alegaba que España era el país preferido por los narcos para vivir, ya que aquí no había una mafia local como es el caso de Italia o México, por lo que era el lugar idóneo para residir.

Y yo me pregunto. ¿No la hay? ¿Acaso todas las mafias tienen que ser como en las pelis? ¿Y si…?

Nos leemos el siguiente domingo por aquí, o hasta entonces en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).

PD: Quiero agradecer a todos la enorme acogida del pasado viernes en la Feria del Libro de Ciudad Rodrigo. Fue un verdadero placer poneros cara y charlar un ratito con vosotros. Gracias de corazón.