Las Arribes al día

El rito del pendón y la peña mágica de Villarino

Esta piedra caballera, situada en el punto más alto del municipio, pesa unas 55 Tm. y es capaz de moverla una sola persona. Estas rocas fueron consideradas sagradas por los pueblos prehistóricos y eran utilizadas como oráculo, atribuyéndoles poderes adivinatorios  

Se aproxima el Lunes de Pascua, una de las fechas más señaladas para los vecinos de Villarino. Este día se celebra la fiesta del Teso de San Cristóbal, promontorio de unas seis hectáreas de superficie y desde el que se divisa el casco urbano de la localidad, Portugal y las tierras zamoranas de Fermoselle, separadas de las de Villarino por un río Tormes encajonado en sus arribes, en el corazón del Parque Natural Arribes del Duero.

El Teso de San Cristóbal destaca por varias cuestiones, siendo la más importante su conjunto prehistórico datado en la II Edad del Hierro. Aunque no se han realizado excavaciones, en este lugar han sido hallados importantes vestigios que confirman que estuvo habitado con anterioridad al siglo II a. C. Entre los objetos encontrados cabe destacar una inscultura de un jinete a caballo y cuyo paradero se desconoce, lo que hace suponer que en este lugar se situó un castro prerromano, construcción de origen vetón, pueblo ganadero y cazador. Asimismo, han sido hallados varios restos de cerámica de época romana e incluso una estela funeraria que, lamentablemente, se utilizó como sillar en la construcción de la ermita. También han sido encontradas piedras molederas utilizadas para moler el cereal a mano, cerámicas realizadas a torno lento y restos de fundición de hierro que delatan una ocupación prolongada del Teso de San Cristóbal. Otros restos importantes son las dos tumbas antropomorfas de época medieval excavadas sobre la roca y situadas en los flancos norte y sur de la ermita.

La Peña del Pendón, santuario rupestre

Pero si hay algo que llame la atención del Teso de San Cristóbal es su Peña del Pendón, piedra caballera de unas 55 Tm. de peso y que es capaz de mover una persona. Estas piedras fueron consideradas sagradas por los pueblos prehistóricos, atribuyéndoles dotes adivinatorias y utilizadas como oráculos en concordancia con el número de oscilaciones.

En su parte más alta aparece una gran oquedad producida por la acumulación del agua y que toma la forma de un trono, por lo que pudiera ser el lugar desde el que se dirigiera algún tipo de rito. No en vano, en la Peña del Pendón se pueden observar varias cazoletas conectadas entre sí por una serie de acanaladuras que hacen pensar que fueron utilizadas para realizar sacrificios de sangre con animales.

Como señala Charles David Tilley Bilbao en su estudio para el Instituto de las Identidades de la Diputación de Salamanca, Ritual e identidad en el teso de San Cristóbal (2004): “Aunque el Teso de San Cristóbal se configura como un espacio único, se trata ante todo de un enclave liminar, ya que este se sitúa entre el cielo y la tie­rra, entre la tierra y el agua, entre los espacios sacros y profanos…”.

La Peña del Pendón y el Teso de San Cristóbal ha ocupado un lugar destacado en la historia de los habitantes de Villarino, desde sus primeros pobladores, hace más de 2.000 años, hasta la actualidad. En dos libros de fábrica relativos a Villarino de los Aires y custodiados por el Archivo Diocesano de Salamanca, Tilley halló la respuesta que muchos vecinos de Villarino se han hecho sobre los orígenes del nombre de la Peña del Pendón y el rito de poner sobre ella, el día de la fiesta del Teso, un carrasco o una rama de encina gruesa. En estos legajos, “posiblemente los más antiguos encontrados hasta la fecha en los que se hace mención a las fiestas realizadas en el Teso de San Cristóbal”, Tilley concluye “que el origen del pendón es claramente religioso:”

“El día de Felipe y de Santiago se va en procesión […] y se bendicen los campos […] (Libro de Fábrica de Villarino de los Aires, 1737).”

“Se bendicen los campos desde las cuatro partes del monte donde está la Ermita y en cada una de las cuatro se fija una Cruz […] los mozos llevan el pen­dón y lo fijan en la peña más alta del monte […] Paga este misal el Concejo por­que entra en el número de los buenos temporales (Libro de Fábrica de Villarino de los Aires, 1626).”

Estas reseñas confirman que la fiesta del Teso se celebraba el 3 de mayo (día de San Felipe y de Santiago ‘el menor’) con procesión desde el casco urbano del municipio hasta el Teso de San Cristóbal, donde se realizaba la bendición de campos para pedir buenas cosechas. Además, se mantiene el significado mágico y de poder de la Peña del Pendón, pues en lo alto de esta gran roca se colocaba un estandarte, símbolo de origen medieval y que con el paso de los años derivó en un símbolo religioso, como recuerda Tilley.

“El origen, tanto del pendón como del ritual, respondía a una procesión religiosa que partía del pueblo recorriendo los campos de cultivo y realizando rogativas, hasta llegar al Teso de San Cristóbal, con el objeto de bendecir las tierras de cosechas y de rogar por los buenos temporales (…). Cuando la procesión había llegado hasta la cima del teso, se colocaba el pendón religioso en la roca del pendón, y se oficiaba un acto religioso”.

Santa Bárbara, objeto de culto en el Teso

Otra de las singularidades halladas por este antropólogo, perteneciente al Instituto Iberoamericano de Salamanca, hace referencia a la advocación de la ermita del Teso de San Cristóbal siglos atrás: “En la investigación que hemos llevado a cabo, podemos observar cómo la capilla ubicada en el Teso de San Cristóbal no estaba dedicada en un primer momento a este santo, sino a santa Bárbara, quien se asocia desde antiguo con el rayo, siendo a su vez patrona de las tormentas. En la provincia de Salamanca, a santa Bárbara se le dedican tradicionalmente oraciones con el fin de alejar las tormentas dañinas para los cultivos…”.

En su estudio de investigación sobre los orígenes del Teso de San Cristóbal, Tilley concluye que entre los siglos XVII y XIX el motivo de este ritual era religioso y que tenía como objetivo “propiciar buenas cosechas”, pero esta fiesta evoluciona hacia lo profano y entre los siglos XIX y XX la colocación del pendón se convierte en una competición de los mozos para ser el primero en izar este símbolo, ahora un carrasco, y cuya victoria le concede prestigio entre sus convecinos. Por último, entre los siglos XX y XXI se ha podido apreciar un “relativo abandono y posterior revitalización del ritual” y con ello una “revitalización de la identidad cultural”, aunque sin darle la importancia que en el pasado cobró ser el primero en colocar el pendón.

Una de las cuestiones que quedan pendientes por resolver es el momento en el que la fiesta del Teso de San Cristóbal pasa del 3 de mayo al Lunes de Pascua, fin de la Cuaresma, fecha que se celebra con asados de carne y todo tipo de alimentos, especialmente los prohibidos durante la Semana Santa. Este nuevo rasgo de la fiesta del Teso de San Cristóbal abunda nuevamente y de manera más incontestable en el carácter profano de la fiesta en el último siglo, hasta la reconstrucción de la ermita a finales del siglo XX, hecho que facilitó la celebración de la eucaristía.