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Lunes, 8 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Desde el respeto y la humildad, pero perseverando

El historiador Francisco Javier Morales Paíno hace también un alegato en favor del mantenimiento de la Diócesis

Me gustaría aprovechar este medio para referir unas breves líneas, no ya como historiador o creyente, lo cual justificaría por motivos obvios mi atención y favor hacia la ya casi milenaria Diócesis de Ciudad Rodrigo, sino como un mirobrigense más, amante de la tierra y sus gentes en primer lugar.

Y es que este asunto no va como pudiera parecer de creencias religiosas, ni siquiera de una ya fecunda y larga tradición histórica de dicha institución como marco cultural o social a lo largo de tantas y tantas generaciones. La Diócesis está ya muy por encima de todo esto, pues es a mi entender el último de los lazos que unen la ciudad y la tierra de Ciudad Rodrigo, tan mermada, tan esquilmada en todos sus frentes sobre todo en las últimas décadas.

Observo desde el último y ya largo periplo como sede vacante, mucha resignación, pesimismo, a todo lo cual la pandemia con violenta zozobra parece que puede venir a dar la puntilla definitiva, terminando ahora sí por absorber la mitra bajo el paraguas de la Diócesis de Salamanca.

Por si esto fuera poco y en contra de lo sucedido en otras ocasiones anteriores, voces dentro de la propia Iglesia han afeado a aquellos mirobrigenses y foráneos que tratan de alzar la palabra desde el propio suelo, donde aún se aferran hoy las raíces de esta emblemática institución. Soy de la opinión de que el que no quiera sumar debe al menor evitar poner zancadillas.


Es de justicia y deber moral que los ciudadanos luchen desde la humildad por el futuro de su territorio. Los mirobrigenses, se rebelaron en muchas ocasiones en el pasado por defender su presente y ahora más que nunca se lo debemos a ellos y a nosotros, por preservar un futuro. Lo de ahora, como dice Alberto Estella en un reciente artículo de opinión no se trata de un levantamiento, y mucho menos de ningún desafío al santo Padre, se trata de defender y aferrar algo nuestro pero con muchísimo respeto. Esa rebeldía que demostraron nuestros antepasados fue siempre por evitar el asalto a nuestras murallas: contra los musulmanes, los portugueses durante siglos y los franceses mucho más recientemente, pues todos trataban de quebrar las defensas por la fuerza donde entre otros muchos tesoros se encontraba la catedral, sede y emblema del Obispado Civitatense desde la Edad Media y elemento fundamental para entender la cohesión de la ciudad con sus diferentes tierras.

Ahora, lo que muchos demandamos es no dejar salir de ese mismo recinto algo tan nuestro, algo que en definitiva nos une, una Diócesis que se conoció como Civitatense por su alianza indisoluble con la ciudad y su comarca.

Hasta que no quede más que una oveja, ésta seguirá necesitando de su pastor y cuanto más cerca esté del rebaño sin duda mejor. Perseverancia.

Francisco Javier Morales Paíno

Historiador y Miembro del Centro de Estudios Mirobrigenses