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Domingo, 28 de febrero de 2021

La Malhablada y la importancia de las salas teatrales independientes

Reflexión del director de Lombó Teatro, Martín Piola

Cuando cierra un espacio cultural en Madrid muchos medios de alcance estatal suelen hacerse eco, pero en cambio los cierres en las capitales de provincia quedan relegadas a los medios locales. Sin embargo, el impacto de perder un espacio cultural en la capital es mucho menor al que tiene un cierre en una ciudad pequeña. Esos medios nacionales tal vez podrían hablar de que en Salamanca cerró "La Malhablada" que era una de las tres salas independientes de la ciudad, junto con las dos sobrevivientes "Almargen" y "La Bulé". Con su cierre entonces se puede afirmar sin exagerar que por la crisis del coronavirus cayó de momento la tercera parte de las salas de una ciudad que con su alfoz supera los 200.000 habitantes. La Malhablada apostó en el casco histórico de Salamanca por un proyecto alternativo y que como tantos otros no pudo sobrevivir a los efectos sociales y económicos de la pandemia. Las comparaciones son odiosas y complicadas, pero por poner en contexto se podría decir que el hecho de que cierre una sala en Salamanca equivale a que cierren diez teatros en Madrid.

La Sala "La Malhablada" llevaba siete años impulsando el teatro en la ciudad desde el género del microteatro. Acondicionaron para este fin un local estupendo en pleno casco histórico, para lo cual se financiaron con fondos propios y con un crowdfunding. Lucharon en su momento a capa y espada por una habilitación municipal siempre esquiva para propuestas diferentes. Desde sus inicios tuvieron un perfil emprendedor, joven y moderno, y apostaron por llegar a un público general que muchas veces era la primera vez que se acercaba a ver teatro. Cerrados como todos durante el Estado de Alarma, cuando pudieron reabrir intentaron esa “reinvención” que el sistema siempre exige en las crisis económicas. Con todo, no pudieron sobrevivir a la conjunción de unos dueños del inmueble intransigentes, unas instituciones que no supieron ayudar y unas restricciones sanitarias que imposibilitaban la cercanía que requiere el microteatro. Una tormenta perfecta que selló el destino del proyecto.

Cuando cierra un espacio cultural no se acaba simplemente un negocio más. En el caso de un bar que baja sus persianas, por ejemplo, y aunque pueda ser una tragedia para sus dueños y empleados, se genera un impacto social limitado a las particularidades que pudiese tener ese local en su medio. Si es el único bar del pueblo puede ser importante, pero si es un bar más de la zona, su impacto es menor. Cuando cierra un espacio cultural se agrega el impacto en el desarrollo del tejido cultural local y a su vez el perjuicio en el desarrollo de nuevos públicos que tiene en general una reducción drástica de oferta cultural. 


Las salas independientes son fundamentales para los proyectos artísticos emergentes porque brindan una cercanía en la gestión de funciones, además de una inmediatez en el contacto con el público que las programaciones públicas no pueden dar. Sin apoyo para estos espacios se pierde la posibilidad de crear un tejido real de producción teatral, ya que deja como única opción económica a los artistas las necesariamente limitadas propuestas estéticas que cuadran con la programación pública. Las propuestas de nuevos lenguajes tienen que traerse en general de Madrid, ya que los artistas locales ven dificultado el desarrollo de proyectos artísticos alternativos. Gracias al espacio de contacto con el público urbano local que brindan las salas independientes, los artistas pueden dar más recorrido a sus propuestas estéticas alternativas, que eventualmente pueden llegar a tener entidad suficiente para entrar en los circuitos más importantes. 

Está comprobado que en Salamanca existe un público local interesado en pagar su entrada por ver teatro, pero constreñido a los espacios públicos bien establecidos, con buenos presupuestos y programaciones cuidadas como son el Teatro Liceo del Ayuntamiento y el Teatro Juan del Enzina de la Universidad. Sin embargo, las experiencias en gestión cultural indican que la demanda cultural no tiene un techo claro. Dicha demanda aumenta, hasta cierto punto, cuando la oferta cultural es mayor, por lo que es muy probable que la asistencia de público se multiplicaría si hubiese más espacios estables con ofertas más variadas, como ocurre en otras ciudades.

En Salamanca cerró un tercio de los teatros alternativos por la crisis del coronavirus. Al menos otro tercio tiene dificultades durísimas para seguir adelante con sus gastos diarios, y todos han tenido una bajada considerable en la facturación. La Comunidad de Castilla y León y muchos de sus ayuntamientos pareciera que no han detectado el impacto multiplicador que tienen las salas alternativas en la producción artística local y regional. Es verdad que como siempre hay que reclamar a las instituciones pero mientras llega dicho apoyo, si es que llega alguna vez, hay que ir más allá. Es importante que la pequeña comunidad que por las redes sociales se muestra interesada en el arte y la cultura local se decidan a apoyarla participando de sus eventos y programaciones. Un teatro tarda años en establecerse y puede caer simplemente teniendo tres meses malos. Los teatros alternativos salmantinos sólo sobrevivirán si la comunidad los valora y los apoya con decisión y desde los hechos.

MARTÍN PIOLA, director de Lombó Teatro de Salamanca.