Alba de Tormes al día

Un busto de San Juan de la Cruz único para conmemorar el 450 aniversario de la Fundación de Santa Teresa de Jesús

Esta pieza escultórica podrá visitarse en el Centro Teresiano-Sanjuanista de Alba de Tormes, donde quedará permanentemente expuesto al público
Concepción Miguélez y el Padre Prior Miguel Ángel González junto al busto de San Juan de la Cruz / Pedro Zaballos

Los actos conmemorativos con motivo del 450 aniversario de la Fundación de Santa Teresa de Jesús han continuado este domingo con la conferencia de José Vicente Rodríguez, uno de los mayores especialistas sobre San Juan de la Cruz en el mundo, que no ha podido desplazarse hasta la villa ducal a causa de las condiciones climatológicas en las que se encuentra la ciudad imperial. El Prior Miguel Ángel González ha sido el encargado de poner voz al especialista sanjuanista, pronunciando la conferencia.

Además, en este acto cultural se ha presentado el busto de San Juan de la Cruz, realizado en bronce y que representa la fisonomía original del santo místico. Esta pieza escultórica podrá visitarse en el Centro Teresiano-Sanjuanista de Alba de Tormes. El Prior ha explicado el método cómo se ha realizado dicho busto y ha mostrado diversos materiales bibliográficos al respecto.

Al final del acto, con el acompañamiento del órgano de la iglesia de la Anunciación, se ha cantado un himno dedicado a San Juan de la Cruz.

A continuación ofrecemos la conferencia de José Vicente Rodríguez: “Los dos en ALBA: Teresa de Jesús y Juan de la Cruz

Durante los años de estudios en la Universidad de Salamanca, no nos consta que Juan de Santo Matía hiciera ninguna visita  a Alba de Tormes. Sabemos solo que estuvo aquí con ocasión de la fundación de las monjas. De esta presencia del Santo en aquella ocasión quien más habla es su gran biógrafo Alonso de la Madre de Dios, al que llamamos el Asturicense.

Y es él quien cuenta que cuando la Santa venía desde Ávila para este fundación, viendo que “era el camino para Alba muy cerca de Mancera, con esto enderezó su camino  por allí, adonde se recreó mucho con la vista de sus  descalzos y del nuevo monasterio, pero más se recreó  con la vista de una imagen  de Nuestra Señora con su Niño Jesús  en los brazos que tenían aquellos Padres en el altar mayor, que, como la Santa escribe en la fundación de Mancera “es un retablo grande”, y añade “que yo no he visto en mi vida, y otras personas dicen lo mismo, cosa mejor” (Fundaciones , c.14, n.9).

Allí estaba Juan de la Cruz y la Santa le pidió “se sirviese de hacerle  compañía a ella y sus monjas hasta Alba, que no era mucho el camino  más que cuatro o cinco leguas, para que allí le  ayudase a fundar  aquel monasterio, así en lo temporal como en lo espiritual”. Fray Juan  accedió a lo que le pedía la Madre; algo así no era la primera vez: Ya había ido con ella en 1568 en la fundación de Valladolid y otra vez irán juntos en 1974 en la fundación de Segovia, y cuando es el Santo el que la pide que vaya a la fundación de Granada no puede ella acompañarle por estar ya yendo a la de Burgos. Bien, el mismo biógrafo Alonso sigue contando cómo fue lo de Alba: “acompañóla el varón del Señor”. Y ¿qué  hizo aquí en Alba? , ¿cómo se comportó Juan de la Cruz?  

El biógrafo nos lo describe así: “los días que él allí estuvo ayudaba con su persona al edificio material del convento, andando con los oficiales y peones componiendo la casa  y por sus manos  con una espuerta sacando tierra y cantos y otras brozas de las casas que se deshacían y acomodaban para el nuevo monasterio; el cual se fundó  este año de mil y quinientos y setenta y uno a veinte y cinco de enero, día de la Conversión de San Pablo”. 

La ley del trabajo, ya tan recomendado en la Regla carmelitana, quedó muy bien recogida en las Constituciones de Alcalá y ha quedado perfectamente expresada en la actual legislación del Carmen descalzo, en la que se considera a Juan de la Cruz como «la imagen viva del auténtico carmelita».

El trabajo de Juan de la Cruz con el que edificaba sus co­munidades fue en él expresión de pobreza y de servicio fra­terno, de sencillez y caridad comunitaria. Su trabajo fue múl­tiple: apostólico, intelectual, manual.

Me quiero referir sólo a este último tipo de trabajo en una persona tan espiritual como fray Juan. Practicaba, como pocos, la terapia ocupacional. Echar suelos, levantar tabiques y trabajar de albañil o peón se le daba bien; le gustaba todo esto más que escribir. En Duruelo estuvo trabajando de peón de albañil de sol a sol para acomodar la casita primitiva.

En Baeza lo encuentran trabajando y «derribando un tabique de la sala convertida en capilla». En Granada sigue en los mis­mos quehaceres de su hermano Francisco: hacer adobes.

En Segovia trabaja y trabaja como siempre, y más que nun­ca. Uno de sus súbditos, Pablo de Santa María, declara admirado:

«...en lo más riguroso del invierno y con mucha nieve se iba sin reparo en los pies a la cantera donde se sacaba la piedra a ser sobrestante (capataz) de los peones, y nevando y granizando, su cabeza y calva descubierta, parece que pegara fuego a todos. Y muchos días de éstos, con ser de edad, comía a la una del día sin haberse desayunado más que con el Santísimo Sacramento, que parecía más de bronce que de carne».

De su trabajo manual ya retirado en La Peñuela en 1591, habla él mismo en carta del 19 de agosto a doña Ana de Peñalosa: «esta mañana habemos ya venido de coger nuestros gar­banzos, y así, las mañanas. Otro día los trillaremos. Es lindo manosear estas criaturas mudas, mejor que no ser manoseados de las vivas».

Cuando era Vicario Provincial de Andalucía emitió un juicio de valor desfavorable sobre el maestro de novicios de Sevilla, diciendo que «su magisterio comenzaba por donde había de acabar» y aludió al trabajo manual como necesario en la for­mación del religioso.

Las monjas que habían ido llegando a Alba para la fundación fueron dos de Medina Inés de Jesús y Tomasina Bautista, de Toledo para Priora Juana del Espíritu Santo, con Guiomar de Jesús, de Salamanca llegó María del Sacramento, la del miedo aquel en la noche de ánimas y una recién profesa, María de San Francisco. El Padre Alonso, después de las cosas que nos ha contado ya  de Fray Juan en Alba, nos hace saber cómo se ha enterado él de todo esto y nos lo cuenta diciendo: “Hablando yo de esta fundación con algunas religiosas de aquel convento que se habían hallado a este tiempo allí con nuestra santa Madre y con el santo padre fray Juan  me referían hacía  el varón del Señor  lo dicho, con tal celestial modestia que solo el mirarle componía y tiraba  el corazón a trabajar por buscar la perfección; y que aunque esto que así hizo  quedaron obligadas y edificadas por el pasto espiritual  que en este tiempo dio y enseñó a sus almas”. No sabemos más en concreto quémonja se lo contó más al detalle, pero podemos imaginar que si había un par de ellas o tres cuando el Padre Alonso se lo preguntaba, hablarían una y otra, quitándose  casi las palabras para decir lo que a cada una más le había llamado la atención en el Padre Juan de la Cruz. 

Alonso, después de habernos contado todas estas cosas escribe: ”Asentado lo más necesario de este convento se volvió  el beato Padre a Mancera”. Y no cuenta nada más. Y no describe para nada del traslado del Santísimo, de la primera misa, etc., pero creo que sídebió de estar allí Juan de la Cruz el día  de la inauguración : 24 de enero, conversión de San Pablo.     

“El traslado del Santísimo Sacramento  desde la arciprestal  de San Pedro al convento de las descalzas fue con toda solemnidad el jueves 25 de enero. Iban las descalzas  con velas encendidas, y formaban en la procesión  los frailes franciscos, los jerónimos y el clero. La capa blanca de fray Juan  y la negra de fray Domingo  Báñez  eran las dos notas  que más emocionaron a la Madre. Llevaba el Santísimo Sacramento  el arcipreste Francisco Carrasco, y la comitiva  de honor iba formada por los fundadores, Francisco Velázquez y Teresa de Láiz, los regidores de la villa, la duquesa de Alba, Dª María Enríquez  de Toledo, con su hermana Dª Juana de Toledo y el hijo de esta Don  Sancho Dávila. Otro personaje que no podía faltar  fue el beneficiado de Gajates, Pedro de Aponte, hermano de la fundadora Teresa de Láiz” (Efrén – Otger  Tiempo y vida de Santa Teresa, Madrid, BAC, 1996, 493). La Santa no escribe nada acerca de fray Juan con ella en esta fundación de monjas; donde habla todo lo que podíamos esperar es en la fundación de Valladolid; pero en la de Segovia lo dice de esta manera: “Como vino a noticia del provisor, (el obispo estaba fuera de la ciudad),  que estaba hecho el monasterio, vino luego muy enojado, y no consintió decir más misa, y quería llevar preso a quien la había dicho, que era un fraile descalzo que iba con el padre Julián de Ávila, y otro siervo de Dios, que andaba conmigo, llamado Antonio Gaitán”(F. 21, 401). ¿Qué le costaba decir el nombre de este fraile que era Juan de la Cruz, y tiene que decirnos el nombre de Julián de Ávila y de su gran amigo Antonio Gaitán , natural de Alba? Pues en esta fundación de Alba no lo nombra para nada: Al final del capítulo  20 de las Fundaciones donde habla de esta de Alba anda excusándose  de que “en la cuenta  de los años en que se fundaron  las casas, tengo alguna sospecha si yerro alguno, aunque pongo la diligencia que  puedo porque me acuerde” (F 20, 399).

Se me pide aquí en el programa: fisonomía sanjuanista. Fisonomía significa  en sentido estricto: “el rostro de una persona”: en este caso podemos recordar lo que dejó escrito sobre él el primer Provincial de la Orden en México,  Eliseo de los Mártires, que dice: ”Conocí al padre fray Juan de la Cruz y le traté y comuniqué muchas y diversas veces. Fue hombre de mediano cuerpo, de rostro grave y venerable, algo moreno y de buena fisonomía; su trato y conversación apacible, muy espiritual y provechoso  para los que  le oían y comunicaban. Y en esto fue tan singular y proficuo , que los que le trataban, hombres o mujeres, salían espiritualizados, devotos y aficionados a la virtud” (1 dictamen).”De mediano cuerpo”, dice este que convivió mucho con él; de su estatura tenemos una declaración  de una gran carmelita llamada María de San Pedro, que nos dice: ”Esta testigo ha considerado muchas veces que con ser el  dicho santo padre fray Juan un hombre no hermoso y pequeño y mortificado, que no tenía las partes que en el mundo llevan los ojos, con todo esto no sé quétraslucía o veía de Dios en él  esta testigo, llevándole los ojos tras de sí para mirarle como para oírle; y mirándole parecía se veía  en él una majestad más que de hombre de la tierra; por lo cual se persuadió esta testigo era grande su santidad, y moraba Dios en él como en templo santo, y que eso causaba  en el mismo humano, y le parecía era una alma de muy altas virtudes“ (BMC 14, 182-183). Algo muy parecido a lo que dice esta religiosa del santo Juan de la Cruz, escribe él acerca de ciertas almas muy encumbradas en Dios y muy llenas de virtudes  de las que escribe  “que ordinariamente traen en sí un no sé qué de grandeza y dignidad, que causa detenimiento  y respeto a los demás, por el efecto sobrenatural que se difunde en el sujeto de la próxima  y familiar comunicación  con Dios, cual se escribe en el Éxodo de Moisés, que no podían mirar en su rostro (Ex 34, 30) por la honra y gloria que le quedaba, por haber tratado cara a cara a Dios” (CB 17, 7)    

Pero tomando en sentido más amplio eso de la fisonomía, podemos hablar de su configuración, de cómo era, de cómo se comportaba Juan de la Cruz.  Estando entonces en Alba la Santa Madre Teresa, si le hubiéramos preguntado por fray Juan, nos diría que para ella aquel fray Juan, era “hombre celestial y divino”, “es una gran pieza”, “aunque es chico, entiendo es grande en los ojos de Dios”, o sea “chico y  grande”, y esto de chico no se le olvidaba, como cuanto ya habla de su prisión en Toledo en carta al Padre Gracián ,  y le dice: “todos  nueve meses  estuvo en una carcelilla, que no cabía bien, con cuán chico es”;  y ahímismo dice: “¡A osadas  que halló nuestro Señor caudal para gran martirio!”; “tiene harta oración y buen entendimiento”. Hombre de “tanta gracia acompañada  de tanta humildad”.

Y para ella era su Séneca, su Senequita. Y al Padre Gracián  le dice hablando del Santo que lo cuiden bien que ”yo le digo que  quedan pocos a vuestra paternidad como él, si se muere”:

Al  lado de estos títulos que le da la Santa, y no los he dicho todos, otras personas le llamaban “sireno encantador, “sireno divino”, porque encantaba a las personas con su doctrina, con su palabra , con su magisterio oral o de viva voz; “jilguero de Dios”, por lo bien que cantaba os atributos de Dios, la gloria de Dios; “archivo de Dios”, por lo que contenía en sí y en su mente acerca de la doctrina divina, etc.,     

Aquí lo que yo creo que  lo más propio es hablar de la semblanza de  Juan de la Cruz, y recordaros algunos datos, algunos testimonios de quienes le conocieron de cerca. 

Este hombre tan chico y tan grande se presentaba siempre sonriente: así nos lo describen los que más vivieron con él. No se reía a carcajadas, pero siempre, siempre estaba sonriendo. Una sonrisa constante significa un espíritu de acogida, de acercamiento. Uno de los frailes que convivió con él  lo describe como “apacible, alegre, enemigo de ver  a sus súbditos  melancólicos: mas en lugar  de risa, mostraba en el rostro  y semblante una alegría apacible: ni tampoco jamás le vio , melancólico o con rostro torcido  para consigo  o para con sus súbditos “ (BMC 14, 283). Y otro dice todavía sobre el don de la risa: “no se reía descompuestamente, sino con una apacibilidad que  tocaba alegría” (BMC 14, 28). Tocar alegría  quiere decir comunicar alegría a los que trataban con él. Iba sembrando paz y serenidad. Otro de los religiosos  que le conocía muy bien  nos cuenta lo siguiente: ”cuando veía que algún religioso estaba triste y desconsolado, le llamaba y se iba con él, unas veces a la huerta, otra al campo, y por grande que fuera la tristeza venía muy contento y consolado” el otro.  Así trataba de consolar al triste y ponerle alegre. Pues si me pusiera a contaros cómo atendía a sus enfermos  no terminaríamos hasta media noche. Solo diré lo que ya sabéis, que le gustaba poner música a los enfermos para que levantasen el ánimo y se aliviasen.  Además de esta terapia musical, le gustaba contar cuentos y chistes a sus enfermos y les decía a los demás que se  los contasen también ellos para que se riesen y aliviasen  de los dolores y se alegrasen.

José Vicente Rodríguez

Carmelita Descalzo nacido en Monleras (Salamanca) en 1926, hizo sus estudios de Teología y Biblia en la Universidad de Salamanca, en Teresianum de Roma y en Instituto Bíblico. Ha sido profesor  en la Facultad e Instituto de Espiritualidad OCD en Roma y del CITES en Ávila desde el año 1986 hasta nuestros días. Ha dictado diversos cursos por toda España, Alemania, Austria, Italia, Portugal y México.

Entres sus numerosos escritos, además de cientos de artículos, cabe señalar:

  • San Juan de la Cruz , Obras Completas, EDE 6ª ed. Madrid 2009,
  • Las Moradas de Santa Teresa, 8 ediciones en la EDE y 2 ediciones en Ed. Paulinas.
  • San Juan de la Cruz, profeta, enamorado de Dios y maestro, Madrid 1987.
  • Míos son los cielos. Comentario a San Juan de la Cruz, EDE Madrid 2002.
  • El mirar de Dios es amar. Claves sanjuanistas  para la vivencia del amor, Monte Carmelo, Burgos 2007.
  • Las cuatro cosas de fray Juan de la Cruz, Monte Carmelo, Burgos 2007.
  • 100 fichas sobre san Juan de la Cruz, Monte Carmelo Burgos 2008.
  • Florecillas de san Juan de la Cruz. La hondura de lo humano, Ed. Paulinas 2ª ed. Madrid 1990.
  • Juan de la Cruz, chico y grande, S. Pablo Madrid 2007;
  • 365 días con Juan de la Cruz, San Pablo Madrid –2011.
  • Día a día con san Juan de la Cruz. Momentos orantes, Monte Carmelo , Burgos 2014.
  • Miguel de Unamuno Proa al Infinito  BAC Madrid 2005.
  • Miguel de Unamuno, profeta y apóstol. Antología de sus textos. San Pablo Madrid 2014.
  • San Juan de la Cruz: la biografía, San Pablo, Madrid 2012.
  • La sonrisa interminable de Dios, EDE Madrid 2005.
  • La dichosa ventura: 16 mártires de Toledo, EDE Madrid 2007.

Por lo que se refiere al apostolado propio de la Orden sigue dando ejercicios espirituales , charlas, conferencias, y atendiendo con gusto a sus hermanas carmelitas descalzas, acordándose de cómo Santa Teresa encomendó a San Juan de la Cruz este tipo de atención y apostolado. Actualmente reside en Toledo.