Ciudad Rodrigo al día

Por fin se acabó

Si puedes, llora. Ese es mi consejo. Llora como nunca antes hayas hecho. Grita, chilla, cágate en todo y vuelve a llorar

Encaro la redacción de este último artículo del 2020 sin una idea clara de sobre qué realizarlo. Temas no me faltan, pues podría hablar, perfectamente, del último chascarrillo político de la semana, o de la vacuna, o sobre las reuniones familiares en Navidad…

Podría hablar de muchas cosas, pero este sentimiento nostálgico, que aflora en nuestros cuerpos cuando llegan estas fiestas, me obliga a hacer un resumen de este año que ya termina y, a ser posible, intentar implantar en ti, que lees esto con atención, un ápice de ilusión para afrontar todo lo que se nos viene encima a partir de ahora.

¿Y cómo lo hago? ¿Cómo te convenzo a ti, que este año has perdido a un familiar y a varios amigos por causa del Covid, de que lo que viene va a ser mejor? ¿De qué forma puedo asegurarte que lo peor ya ha pasado y que, de ahora en adelante, solo podemos subir?

Lo siento pero no. No puedo hacer nada parecido porque ni yo mismo creo en todo eso. Vivimos como ese niño que pregunta cuánto queda para llegar, y sus padres, completamente perdidos en la carretera, le responden que ya no falta nada. Vivimos, mejor dicho, sobrevivimos, el día a día, y punto.

He llorado mucho durante este año, os lo puedo asegurar. Muchas noches que, como vosotros, me metía en la cama sin saber cuál sería la cosa mala que ocurriría al día siguiente, pero con la certeza de que iba a pasar. He sufrido la muerte de amigos y familiares, como todos, como tú, como todo el planeta Tierra. He aplaudido en los balcones, con lágrimas en los ojos, mientras sentía como ese simple hecho reconfortaba nuestros corazones. He odiado la especie humana mientras veía por la televisión cientos de comportamientos lamentables durante estos meses. He hecho deporte en mi salón, mientras deseaba, por dentro, salir a la calle aunque fueran diez míseros minutos. He celebrado, con auténtica pena en el corazón, que en vez de mil muertos al día, tan solo hubiera doscientos. He hecho gran cantidad de videollamadas para paliar esas ansias constantes de ver un rostro querido… Y etcétera, etcétera, etcétera.


¿Acaso he nombrado algo que no hayas hecho tú? No, ¿verdad? Pues, entonces, estoy seguro de que tu resumen va a ser muy similar al mío, bien en forma o en contenido.

Por tanto, ¿qué te digo yo para que acabes este artículo con una sonrisa en el corazón?

Si puedes, llora. Ese es mi consejo. Llora como nunca antes hayas hecho. Grita, chilla, cágate en todo y vuelve a llorar. Hazlo solo, con otra persona o con varias. Como quieras, pero llora. Llora toda esta pena hasta que se te sequen las lágrimas. Maldice tu mala suerte una vez, y después otra, y luego una más. Hazlo tantas veces como creas conveniente porque sólo tú tienes ese derecho. Nos han robado todas las libertades posibles durante este año, pero esa no. Libérate, saca fuera toda la pena que lleves dentro, y destrózala como ella está haciendo contigo.

Llora todo lo que tengas que llorar, pero, cuando acabes con la última gota de tristeza, ya no lo hagas. Ahí es el momento en el que te darás cuenta que la vida continúa y que esas lágrimas que tú creías que te matarían, en realidad han sido las detonantes de tu nuevo punto de partida.

Por mi parte desearos suerte, mucha. Y salud, de esto último muchísimo más; para vosotros y para los vuestros. Desearos felicidad en todos los sentidos de la palabra, para este año que viene y para el resto de los que continúen detrás.

Os doy las gracias por todo el apoyo recibido en estos artículos y os prometo que, si la vida me deja, volveré el año que viene con mucho más que decir y que contar.

Ese vértigo que hoy nos detiene es el mismo que mañana nos hará volar.

Nos leemos el próximo año por aquí, o, hasta entonces, por Instagram (@rubenjuy) y ahora, también, en Facebook (Rubén Juy).