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Jueves, 28 de enero de 2021

Rituales

Mi amiga me escribe alucinada porque acaba de hacer algo que nunca pensó que haría. A resultas de haber sido nombrada por el partido en que milita Vocal Vecina, un cargo muy poco conocido pero relevante y de vital importancia para hacer que la democracia tenga un sentido más ciudadano, la semana pasada tuvo que prometer lealtad al rey. Ella, que nació justo después de la muerte de Franco, ha vivido prácticamente toda su vida bajo el paraguas de la Constitución de 1978, pero la práctica administrativa se le hizo extraña. No solo es cuestión de su íntimo credo republicano, es algo que tiene que ver con la fórmula inscrita en un procedimiento que, dada su vocación literaria, le retrotrajo ni más ni menos a la jura de Santa Gadea. Allí y hace casi mil años, me recuerda, el Cid Campeador hizo jurar al rey Alfonso VI de León que no había tenido que ver con el asesinato de su hermano Sancho II de Castilla.

Ahora bien, yo me pregunto si en su fuero interno lo que pesa es que pudieran repetirse en ella las consecuencias que se dieron para con el Cid y que son bien conocidas pues terminaron con su exilio gestándose así un cantar fundamental en el desarrollo del castellano. De esta manera, el rito se asocia al mito, consolidándolo, de modo que conforman una pareja de indudable vigor. Aunque no se debe olvidar que muchos rituales se basan en la más pura ficción.

Mi amigo, que es de mi quinta, desde 1975 antes de abrir la botella de vino que acompañará a la cena escucha en directo el discurso del rey de todas las nochebuenas. Me dice que no se ha perdido ninguno a pesar de haber vivido situaciones sociales bien diferentes en lo atinente no solo a su estado civil sino al tipo de personas que lo acompañaban dado que esa noche nunca ha estado solo. Él no tiene especial interés en la política y tampoco se define como monárquico, ni lo contrario, por ello no sabe a ciencia cierta qué votaría si se convocara un referéndum sobre el futuro de la monarquía. Cuando le pregunto por la razón de ello me responde que ama contribuir al asentamiento de un ritual cívico. El hecho de que el nuevo jefe del estado dejara de lado la nochevieja, que era cuando desde 1937 hablaba el anterior, lo animó para sentirse partícipe de algo nuevo que había que consolidar.

Su militancia me fascina y más aun porque este cuadro requiere de la sintonía con mucha más gente. De nada serviría el gesto si solo fueran él y un puñado quienes lo acometieran. Mientras mi amiga se confronta con un pequeño drama personal donde afloran las contradicciones del ser humano, él pretende sentirse a gusto con un acto en mayor o menor medida multitudinario para asentar una tradición que vincula con su vida. Como él mismo reconoce ¿Por qué no antes del diluvio hacer un brindis al sol?