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Miércoles, 20 de enero de 2021

El pozo

Mi interlocutor me habla de que se siente en una trinchera situada en la cima de una colina donde los ataques son por todos los lados. El negocio no se recupera, todo lo contrario. La situación es angustiosa por cuanto que el género no se vende y las devoluciones se acumulan. Hace una muesca al referirse a quienes tienen un sueldo fijo que, además, están ahorrando pues han restringido mucho su consumo.

En un momento cambia el ceño y me dice que la de la trinchera no es una metáfora afortunada. Donde siente que está es en un pozo. Dejo el local atribulado y dándole vueltas al asunto. Nos conocemos desde hace años y sé que nunca ha tendido a dramatizar ninguna de las variopintas historias que han acontecido en su a veces atribulada existencia. Pero pronto me olvido de su drama particular, aunque no dejo de dar vueltas a la palabra de dos sílabas que con esas dos oes sonoras suena como un perdigonazo.

Mi amiga, cuyo marido falleció hace poco, me cuenta de sus avatares familiares en torno al hijo que acaba de ver cómo se ha quebrado su matrimonio con un par de críos de menos de cinco años. La situación económica de ella no es precaria, pero me dice que siente que lleva tiempo viviendo en un estado de bloqueo en el que las expectativas de algo positivo al otro lado de la esquina no aparecen por ningún lado. La psicóloga a la que ha vuelto le insiste en la necesidad de encontrar una luz al final del túnel y para ello repasan juntas posibilidades y estrategias. Ella esboza una forzada sonrisa cuando repite la palabra. “Ya ves, yo en un túnel”. Sí, es otra palabra que se me queda pegada y que vuelve a mí una y otra vez en el duermevela de la noche. Ahora estoy confundido y no sé cuál de las dos me genera más zozobra. La sonoridad de túnel la hace ser menos siniestra que la enigmática de pozo. ¿Será por el efecto de la zeta?

Vuelve a amanecer un día con pocas expectativas de que el ánimo tenga visos de recobrarse. No es la monotonía, tampoco es el maldito dolor de espalda, menos el insomnio, quizá la sempiterna pulsión hacia la melancolía o, a lo mejor, es la recalcitrante soledad que se ha adueñado de mis pasos. Puede también tratarse de un momento bajo en la más pura tradición de un ciclotímico. Las dos palabras acuden sin que las llame, están al borde de cualquier pensamiento y articulan frases con las que intentar describir el estado de las cosas. Poco a poco me voy dando cuenta de que hay una diferencia esencial entre ambas: la confrontación de dos direcciones en torno al concepto de perpendicularidad. Mientras que en el túnel predomina la horizontalidad en el pozo es la verticalidad quien se adueña de su sentido. Es entonces cuando sé a ciencia cierta dónde estoy y lo que ello significa.