Viernes, 4 de diciembre de 2020

Dudar no es malo

Existen cuestiones políticas que solo se piensa en ellas en tiempos de elecciones. Reflexionemos hoy, fuera de tiempo electoral y en medio de tantos malabarismos como se dan para llegar a acuerdos, de qué forma sería un Parlamento que hubiera surgido de unas elecciones con listas abiertas.

Imaginemos que, para seducir al electorado, en los momentos de elecciones los partidos tuvieran que acudir a personas de relumbrón o famosas para confeccionar las listas, siendo así que los messis y ronaldos que consiguieran la elección, tarde o temprano reivindicarían un espacio como suyo, dado que su participación sería, si cabe, más importante que la del propio líder del partido.

Durante el inamovible bipartidismo (PP o PSOE) –a pesar de “el que se mueva no sale en la foto”, dixit Alfonso Guerra- la opción de listas abiertas, dando entrada a cualificados intelectuales, sin duda hubiera estado justificada y su voz se hubiera escuchado con atención y respeto en el Parlamento, pero hoy día, con un Gobierno de coalición y complejos acuerdos entre la mitad del arco parlamentario, no sería de recibo que también tuvieran que negociar con diputados propios e independientes -algunos heterodoxos- asuntos que están en la mochila ideológica del partido. Esto sería una locura.

Por esta dicotomía, abiertas o cerradas, es conocido aquel famoso artículo de Mariano José de Larra, “Dios nos asista”, donde tira de ironía y da cuenta a su supuesto corresponsal en París del resultado de las elecciones en España: “… Para que te formes una idea, han sido elegidos los sujetos siguientes: por Barcelona, como llevo dicho, don Juan Álvarez Mendizábal; por Cádiz, don Juan Álvarez Mendizábal; por Gerona, don Juan Álvarez Mendizábal; por Granada, don Juan Álvarez Mendizábal; por Málaga, don Juan Álvarez Mendizábal; por Pontevedra, don Juan Álvarez Mendizábal, etc.”. (Cambie el lector este nombre por Pedro Sánchez o Pablo Casado, por ejemplo).

Genio el famoso “Fígaro”, pero los tiempos cambian y a veces la experiencia nos hace merendar nuestras propias palabras.

Así, dejando atrás las listas abiertas -de las que dudamos- o cerradas, hablábamos al comienzo de esa negociación malabar con la que en la actualidad se están cerrando acuerdos muy complejos, pero al parecer solo se coloca el acento en el apocalipsis que ocurrirá por cerrarlos con partidos “que van a destrozar España”. Si algún político piensa así, debería negociar para que tales hechos no ocurran. Esto va en el sueldo. No vale este lamento: “¡¡¡negocian con independentistas!!!”.

Esto también lo podemos explicar con unas palabras de Alfonso Guerra en un caso parecido -hoy en una situación de respeto, sabemos que es ajeno a casi todas las reivindicaciones independentistas-. Don Alfonso decía: “Vienen los ultras, me rompen el reloj y después me dicen: Sr. Guerra, qué reloj más viejo tiene usted. Y yo digo: joroba, pues no me lo hubierais roto”.

Con lo que no les guste, hagan lo mismo: no rompan y negocien para que después no puedan lamentarse ni reprochar nada a quien tuvo que hacerlo para que el país no se parase. Si se fractura España la culpa será de todos y de algunos un poco más.