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Jueves, 21 de enero de 2021

Cirugía mental

Ahora que los niños ven más televisión que nunca y es conocido que los padres, en gran número, para que los dejen en paz delegan la educación de sus hijos a la televisión, quién demonios manda en un programa, en apariencia inocente, en el que unas parejas, en la hora “prime time”, se sientan a cenar para conocerse, y a las primeras de cambio, con toda normalidad, se preguntan uno al otro: ¿tú eres de relaciones abiertas?

¿Esto es una opción natural? ¿Un niño debe ver esto como normal? No lo entiendo. A la señora Montero, esposa del vicepresidente Iglesias, le hicieron la pregunta y ella contestó que en eso era muy tradicional. La respuesta tranquiliza, pues deja entrever que este asunto puede ser moderno, pero no progre. ¿Hacia dónde vamos entonces?

Si la televisión (Firts Day) no se da cuenta de lo que percibe un espectador niño, lo diré: el infante se encuentra ante un buffet de burdas conversaciones, en su mayoría, que le confunden más que le benefician. Y hasta es posible que más de un niño incorpore a su vida un problema donde no lo había.

Nadie debe ser tan corto como para creer que solo existen dos sexos, el masculino y el femenino. Este artículo no va de eso, existe una intersexualidad (anatómica o sentimental) que es innegable y no vamos a blanquear absolutamente nada, y ni siquiera nos vamos a referir a la cuota de parejas que les correspondería participar en el programa atendiendo a los colectivos existentes en la población en general. Nada de eso. Solo pretendemos, sin puritanismos, en defensa de los menores, abrir los ojos a los adultos.

Vamos a contar unos hechos reales acaecidos a un bebé canadiense como consecuencia de la mala praxis de un cirujano, las veleidades de un psicólogo y la ignorante actitud de unos padres erróneamente aconsejados.

El bebé se llamaba David Reimer y vino al mundo con un hermano gemelo. Ambos, a los ocho meses de su nacimiento, fueron intervenidos de fimosis, y mientras su hermano sale felizmente de la sencilla operación, para David aquello fue el inicio de un auténtico calvario. El incompetente cirujano le había destrozado el pene.

Sus preocupados padres acudieron a la consulta del psicólogo William Money (1921-2006), famoso por sostener en libros y conferencias que el género era aprendido y no heredado, por lo que recomendó a los padres realizar al crío una reasignación de sexo mediante cirugía. Así, a los 22 meses, el niño tenía una vulva en el lugar de sus partes.

Para Money aquello iba a suponer el evidente hallazgo que reforzaría la teoría vertida en sus escritos. Con visitas periódicas de David, siguió de cerca la evolución del muchacho, en las que aconsejaba a sus padres que deberían vestirlo de mujer y que su comportamiento fuera como tal e incluso le aplicaron hormonas. Todo escrito públicamente por Money como un éxito.

Tanto era así, que los padres no se atrevían a comunicar al gran especialista la incomodidad del chico en su rol femenino. Llegada la adolescencia, David estalla y no hubo más remedio que revertir todo el proceso reconstruyéndole un pene. Su historia, por consejo de un profesional de la sexología, fue recogida por él y un amigo en un libro, se casó y tuvo tres hijos, pero para entonces su hermano había desarrollado un sentimiento de culpa por lo ocurrido que derivó en una esquizofrenia con resultado fatídico para su propia integridad.

En 2004, al contarle David a su mujer todo su pasado, ésta le pide el divorcio, y por esa incomprensión de quien estaba ciegamente enamorado, David se marchó de casa. Días después apareció sin vida.

Huelgan más detalles. Esta historia no deja dudas de la importancia de una identidad sexual propia muy alejada de las ocurrencias de los demás, que, en el caso de la televisión, en mentes sin madurez, puede ser adquirida por mimetismo.