Domingo, 29 de noviembre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Los problemas invisibles

Rubén Juy reflexiona sobre lo alejadas que están del foco mediático ciertas cuestiones

Esta semana podría hablar de muchos temas candentes que han golpeado nuestra actualidad cercana, con una importancia más o menos acentuada. En Salamanca, sin ir más lejos, se ha descubierto que muchos jóvenes, incapaces de quedarse en su santa casa sin salir de fiesta, cobraban entrada en pisos convertidos en auténticas discotecas, con la única intención de pagar la multa pertinente en caso de necesidad. Este es un medio público y elegante, por lo que solo me referiré a ellos como mamarrachos.

También se podría comentar la “moción de censura” que sirvió de excusa para volver a sembrar polémica en el parlamento y así alimentar, una semana más, a todos los parásitos inútiles que viven, enquistados, en cada una de sus sillas. Un día de estos haré un artículo sobre el vicio que tienen, todos y cada uno de ellos, con el uso del teléfono móvil durante las sesiones parlamentarias. ¿Qué mirarán? ¿Candy Crush? ¿Tinder? Madurito independentista a diez escaños de ti... LAMENTABLE.

Podría hablar de muchísima basura de este tipo, por desgracia, pero hoy me apetece darle voz a aquellos que no la tienen y que más la necesitan. Quiero plantearos otra serie de problemas que, bien porque están “muy lejanos”, o porque no nos tocan directamente, olvidamos e ignoramos por completo en nuestro día a día. Y quien diga que no, es que, o bien es un mentiroso, o por el contrario una persona demasiado buena. Ojalá seáis todos de este último grupo.

¿Cuántos de vosotros habéis pensado esta semana, aunque sea durante un segundo, en la cantidad de niños que mueren cada día en el mundo por problemas de nutrición? ¿Cuántos os habéis cagado en todo porque haya un toque de queda a las diez de la noche, cuando en muchos países la gente tiene miedo hasta de salir a comprar el pan?

¿Cuántos habéis dado mil vueltas para no poneros una vacuna que os salve de un simple virus, sin pensar en que hay niños que no tienen, siquiera, la oportunidad de ponerse una que salve su propia vida?

¿Cuántos estáis leyendo esto mientras os sentís incómodos?


Vendrá aquel que diga: “claro, Rubén, pero si piensas todo el rato en esas cosas, al final no acabas viviendo”. No, perdone. El que no va a terminar viviendo es aquel que esté sufriendo, en sus propias carnes, todo esto. Usted se pone el Sálvame y, en cinco minutos, se le pasan todos los problemas. ¿Miento?

Desde hace un tiempo busco ser más solidario con aquellos que lo necesitan, más responsable, o, incluso, más compasivo con los demás, pero os puedo asegurar que no es nada fácil en los tiempos que corren. Vivimos en una sociedad donde el “ande yo caliente, ríase la gente” está a la orden del día, y se le dedica el triple de tiempo al Barcelona – Madrid que a informar sobre los países que no tienen agua potable para beber. Y, mientras nosotros idolatramos y levantamos la fama de los concursantes de la Isla de las tentaciones, personas anónimas de organizaciones como Unicef, por ejemplo, luchan contra viento y marea para que les dejen ir a llevar alimentos a X parte del mundo. ¿Veis alguna diferencia?

Yo sí, muchas. Y, a pesar de saber, perfectamente, que muchos de vosotros vais a continuar vuestra vida exactamente igual tras leer este artículo, también espero que algunos, los más atrevidos, os paréis a pensar si estamos actuando de la forma correcta, y si de verdad estamos avanzando como sociedad, o, por otro lado, retrocediendo mientras observamos como nuestros pies se mueven.

Posiblemente el artículo sobre MasterChef del pasado domingo tenga más tirón. Bueno, sin el posiblemente; lo tendrá seguro. Tan solo me gustaría que, al menos, un 1% de los que hayáis llegado hasta el final de este artículo os paréis a reflexionar, de forma crítica, sobre todos estos problemas y penséis en cómo contribuís actualmente y qué más podéis hacer para mejorar estas situaciones tan preocupantes.

Si hemos llegado hasta esa meta, habrá merecido la pena.

Muchas gracias por leerme. El próximo domingo tenemos una nueva cita por aquí o, hasta entonces, en Instagram.

@rubenjuy