Viernes, 4 de diciembre de 2020

Eusebio Gutiérrez Herrera, el mejor subalterno de rejoneadores de España

Según las crónicas, tiene en su haber quinientas corridas en ciudades y provincias españolas, amén de otras giras por Francia y América Latina

Cuando visites el Museo de Macotera, te vas a encontrar, entre varias obras de arte, objetos y aperos, con un traje de luces. No es una novedad, pues Macotera dio, entre sus hijos, jóvenes dedicados al toro y a su lidia. Y, entre esas figuras taurinas, se encuentra Eusebio Gutiérrez Herrera, un joven, que nació en Macotera el 12 de agosto de 1934, hijo de Lugerico Gutíérrez Sánchez y de Adela Herrera, moza de Tordillos. Lugerico fue el hijo mayor de don Juan Gutiérrez Garrote, Procurador de los Tribunales y Secretario de Macotera, natural de Ledesma, y de doña Leoncia Sánchez Ruano (Villareja), y hermano de Dámaso, Gonzalo y Manuel, este último, esposo de Piedad Martín Corrocha.

Eusebio se afincó en Madrid. Su afición le viene, porque su familia era propietaria de una carnicería; todo, a su alrededor, respiraba ambiente taurino, y no fue nada raro, que, a un joven de dieciocho años, le atrajesen los ruedos, y se lanzase a ello con toda la ilusión.

Rápidamente, se hizo profesional y vivió del toro con grandes beneficios. Tenía una fuerte personalidad, con un cierto parecido a Diego Puerta, pero algo más bullanguero. En su currículo, se recogen diez años de novillero y ocho de banderillero. Su torero espejo, don Antonio Ordoñez. Se casó. El matrimonio le cortó un poco las alas, pero la “afición tira demasiado”, y después de casado, toreó 80 corridas.


Según las crónicas, tiene en su haber quinientas corridas en ciudades y provincias españolas, amén de otras giras por Francia y América Latina. Ha alternado con las máximas figuras del toreo, y tan solo ha tenido una cogida grave en San Sebastián de los Reyes.

Estaba considerado como el mejor subalterno de rejoneadores de España. Los grandes maestros le solicitaban para que actuase en sus cuadrillas

Falleció el 8 de junio de 2018, a los 83 años; y se le enterró en el cementerio de Tordillos, el pueblo natal de su madre, Adela Herrera; y fue su voluntad que le acompañase su compañero del alma: su capote de paseo.

Y se cumple su máxima ilusión:” que su traje de luces se muestre, por siempre, en el Museo de su pueblo natal.

Timi Cuesta