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Martes, 19 de enero de 2021

“Es imposible atender adecuadamente todo lo que atendíamos hace un año en el Hospital de Salamanca”

“Tenemos unos 150 pacientes ingresados y 25 en UCI. Y esto no es que sea mucho, es que es muchísimo (...). El personal también se satura y comienza a ‘funcionar’ mal por puro agotamiento, estrés, y desánimo”

Llegada de una ambulancia al Hospital Clínico. Foto de Lydia González

“Es imposible atender adecuadamente todo lo que atendíamos hace un año en el Hospital de Salamanca más los pacientes COVID-19. El sistema se satura y no funciona bien”. Son palabras de Miguel Marcos, médico internista del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca y uno de los profesionales sanitarios que, desde el inicio de la pandemia, se ha propuesto informar y concienciar sobre el Covid-19 a través de las redes sociales. De hecho, sus hilos en Twitter sobre la situación que se encuentran los profesionales que están en primera linea cuentan con multitud de seguidores.

En el último relata con detalle la realidad con la que chocan diariamente: “Nos comparamos con marzo o con abril. Y marzo o abril fueron el horror. Lo inenarrable. Así que por supuesto no estamos tan mal como entonces. Y esperemos que nunca vuelva a ocurrir nada parecido. A cualquiera que estuviéramos en primera línea se nos encoge el corazón de pensarlo”

Sin embargo, en su opinión, “seguimos estando muy mal. Esto va por barrios, pero en Salamanca tenemos unos 150 pacientes ingresados y 25 en UCI. Y esto no es que sea mucho, es que es muchísimo, algo fuera de toda proporción y muy difícil de manejar. Nos debemos ni podemos acostumbranos”.

“Para cualquier hospital, tener 150 pacientes ingresados a la vez por una misma enfermedad es algo totalmente inaudito. En Salamanca no ha ocurrido nunca, excepto en el pico de la primera ola (ahí multiplicamos esa cifra). Es un volumen enorme de pacientes. Y necesitan atención”, añade.

Marcos argumentan que “esa atención no es sólo la cama hospitalaria o de UCI, que también, es sobre todo el personal que les atiende. El sistema se satura y no funciona bien. Por mucho que nos esforcemos, y aunque se garantice la atención de todos los procesos graves y urgentes, el funcionamiento del hospital al final se resiente. Sin olvidar el riesgo de contagio de pacientes que no tienen COVID-19 al aumentar el número de casos de forma global”.


Agotamiento y desánimo del personal sanitario

Por su experiencia cotidiana, este doctor tiene claro que en el citado contexto “el personal también se satura. Y también comienza a "funcionar" mal por puro agotamiento, estrés, y desánimo. No trabajábamos igual hace un año que ahora. Hay una carga física: turnos, guardias, llevar el EPI... Y una carga mental: riesgo de contagio, estrés y no ver el final. No ver el final está siendo de lo más desalentador en esta pandemia. En la primera ola nos volcamos en la lucha contra el COVID-19 como si fuera una carrera de 100 metros lisos, para descubrir unos meses más tarde que esto es una dura carrera de fondo. Y sin final en la lejanía”.

Por eso, lanza este mensaje a ciudadanía: “En los hospitales podemos recibir a los pacientes que ingresan y tratarlos lo mejor posible, cada vez con más dificultades por la sobrecarga. Y tal vez haya algún tratamiento eficaz pronto y tal vez tengamos una vacuna en unos meses, pero de momento solo nos queda prevenir. La forma de controlar la pandemia ahora mismo está en la sociedad, no en los sanidad. Esperemos que pueda controlarse o llegar a un equilibrio, dentro de la gran sobrecarga que supone un "equilibrio" dentro de las cifras actuales. Sobrecarga enorme aunque, a veces, no lo parezca”.

Y concluye con una pregunta clave que invita a la reflexión: “¿hasta qué punto nos hemos anestesiado y acostumbrado a esta maldita pandemia que 400-500 muertos a la semana pueden llegar a parecer que ‘no estamos tan mal’?”.

  • Miguel Marcos, médico internista del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca