Miércoles, 21 de octubre de 2020

La Torre de Almofala, un templo romano en la Ciudad de los Cobelcos

Construido en el siglo II d.C. y posiblemente dedicado a Júpiter, las excavaciones realizadas durante las últimas décadas han desembocado en el descubrimiento de una antigua ciudad romana y la creación de un centro interpretativo

La Turris Aquilaris es un templo romano situado en la localidad fronteriza de Almofala/ Rep. Gráfico: MARTÍN-GARAY

En una colina, dominando el embalse de Aguiar, dentro del territorio que integra el Parque Duero Internacional, encontramos un paraje poblado de quercus, en el que surgen los restos de un templo romano, la Turris Aquilaris.

Se trata de un templo clásico de planta rectangular, un edificio que originalmente estaría porticado con columnas en su fachada oriental. La simetría de sus proporciones, con 16,30 metros de largo por 8,15 de ancho, lo asemeja a los templos clásicos del Foro Romano.

Edificado en el siglo II d.C. -según investigaciones de la arqueóloga Helena Frade y del historiador Adriano Vasco Rodrigues-, estaría dedicado a alguno de los dioses del panteón latino, se cree que a Júpiter o a Juno, basándose en los vestigios hallados por los arqueólogos durante las diversas campañas llevadas a cabo en este lugar desde finales del siglo pasado.

Fruto de estas investigaciones, -que todavía continúan, pues el lugar no ha desvelado aún todos sus misterios-, se llegó a algunas conclusiones, cuya narrativa se explica hoy en los paneles existentes por todo el espacio así como en el centro interpretativo contiguo a las ruinas del templo.

La Turris Aquilaris o Torre das Águias (Torres de las Águilas), recibe otros muchos nombres, entre ellos, Torre dos Frades, pero por aquí es simplemente conocida como Torre de Almofala.

Se encuentra a las afueras de Almofala, población fronteriza ubicada en la margen izquierda del río Águeda. La Torre de Almofala se sitúa entre el Convento de Santa María de Aguiar y el embalse de Aguiar. Es Monumento Nacional desde 1977.

El templo de la época romana

Actualmente, en las ruinas de este edificio distinguimos los restos de la construcción primitiva romana, constituidos por los sillares de la primera planta. El edificio tendría originalmente 12 metros de altura. Se asentaría sobre un pódium de unos dos metros y medio de alto, aún bien reconocible en sus lados norte, oeste y sur, rematado por una cornisa.

Al pódium se accedería por una escalinata en la fachada principal, orientada al este. En el piso superior se ubicaría el altar.

El pórtico romano con columnas estaría alineado con el templo simétricamente y con orientación este-oeste.

Esta impresionante fachada porticada puede hoy solamente ser observada a través de la recreación virtual y mediante maqueta, pues fue destruida para acondicionar el edificio al uso militar que se le dio a partir del siglo X, primeramente como fortaleza, y desde finales del siglo XV o principios del XVI como torre defensiva. Anteriormente, habría servido de hogar provisional para los monjes de la Orden del Císter, cuando se asentaron en la región hacia el siglo XII.

La fachada oeste es la mejor conservada de la construcción original en esquisto. Por el contrario, en la fachada oriental encontramos una reconstrucción donde la pizarra ya está mezclada con granito. De granito y época posterior son también los cantos noroeste y sudoeste.

Este edificio solo estaría justificado en una comarca donde la población romana fuese numerosa, próspera y bien organizada. Se cree que podría haber servido de posada para los viajeros civiles y militares que transitaban las variantes que unían la Vía Imperial de la Plata con la Vía Imperial Mérida-Astorga, con múltiples ramificaciones en este concejo, como dan prueba los varios puentes romanos que aún se conservan, así como varios tramos de calzada romana.

Por este mismo paraje de la Torre de Almofala pasaría alguna de esas calzadas, usada posteriormente como camino hacia Santiago de Compostela por los peregrinos.

Convento en la Baja Edad Media y torre militar en la Edad Moderna

El templo fue transformado en un edificio utilitario formado por dos pisos y bajo, lo que se pone de manifiesto en las ventanas y un trozo de escalera interior visible en la fachada oeste.

La escalinata que subía al pórtico con columnas habría sido destruida para colocar la puerta de entrada a la altura del suelo. En el plano superior se encontrarían las estructuras más tardías, pertenecientes a la época bajo medieval o moderna. En estas habitaciones fue posible identificar una cocina con chimenea.

Son construcciones que datarían de los siglos XV o XVI. El templo romano original fue reutilizado, primeramente, como hogar de los monjes cistercienses en la Baja Edad Media, antes de la construcción del cercano Convento de Santa María de Aguiar. Posteriormente, se le habría dado un uso militar como torre de vigilancia, ya que el montículo donde se ubica constituye una atalaya perfecta para divisar las eventuales incursiones de las tropas españolas desde la comarca de Ciudad Rodrigo.

El poblado de la Torre dos Frades

Estaría compuesto por unas decenas de habitantes organizados en un caserío con diferente cronología constructiva, estructurado en torno a la atalaya que supondría la Torre, constituyendo para ésta una especie de muralla.

Este pequeño poblado se habría ido instalando a lo largo de los siglos XV y XVI.

Entre los numerosos vestigios encontrados destacan los utensilios de menaje. Serían tan abundantes debido a la huida precipitada de sus moradores como consecuencia de una de las incursiones españolas durante la Guerra de la Restauración, la protagonizada por el Duque de Alba en octubre de 1642.

No obstante, se mezclan los hallazgos de objetos posteriores al siglo XVI, con otros (escasos) de la época romana, como algunos restos de cerámica, una moneda del siglo IV, una pulsera de bronce o un alfiler. Algunos elementos estructurales de la construcción romana aparecen por debajo de los más recientes.

El sur de la Torre es el área más estudiada hasta el momento, por ello es donde se han encontrado más huellas del poblado que rodeaba todo el edificio, como el cementerio, la capilla o la planta completa de una de las viviendas.

Estas construcciones bordeaban un camino probablemente recorrido por los peregrinos del Camino de Santiago proveniente de Salamanca que, entrando en Portugal por Escarigo, continuaba por Pinhel, Lamego, Guimarães y Braga hasta Galicia.

La divinidad y la Ciudad de los Cobelcos

Juno era la diosa romana de la fertilidad, la maternidad, las cosechas y la abundancia. En alguna de sus muchas representaciones aparece sujetando un trozo de pan, como diosa protectora de los cereales. Durante una de las excavaciones arqueológicas efectuadas a finales de los ochenta, se encontró una mano izquierda de mármol de grandes dimensiones, que pertenecería a una estatua femenina de unos tres metros de altura. Sujeta un objeto redondeado no identificado. Los expertos opinan que, en tierra de agricultores y ganaderos, no sería extraño un templo dedicado a esta divinidad femenina.

Sin embargo, otro de los hallazgos más significativos obtenidos en este enclave fue un ara votiva dedicada a Júpiter por la Ciudad de los Cobelcos. Su descubrimiento fue tan importante que podría modificar la relación de los pueblos romanos de la Lusitania y probaría el asentamiento en este lugar de la Ciudad de los Cobelcos (Civitas Cobelcorum).

El ara votiva hace pensar que el templo estaría consagrado por los habitantes de esta ciudad al dios Júpiter, pues contiene la siguiente inscripción: “A Júpiter Óptimo Máximo, la Ciudad de los Cobelcos”.

Las divinidades clásicas eran adoradas en templos de arquitectura clásica, como sería el Templo Aquilaris.

En cualquier caso, la decisión de erigir un templo en esta comarca probaría su importancia en la estructura regional de la Lusitania. Los dioses romanos sustituyeron a las divinidades de los pueblos ibéricos, levantando templos en los enclaves más importantes.

El fortalecimiento de la agricultura, la explotación minera en la región y la introducción por parte de los romanos de algunos cultivos aún hoy determinantes en la comarca, como el aceite y el vino, posiblemente favorecieron el asentamiento de población en estas fértiles tierras ribereñas.

La huella romana en el concejo de Figueira de Castelo Rodrigo

Los numerosos vestigios hallados en Figueira de Castelo Rodrigo y otros concejos contiguos, permite a los estudiosos sostener la teoría de una importante ocupación romana en la región, que además estaría abundantemente poblada.

Donde anteriormente vivían las tribus lusitanas Interannienses se impuso la cultura romana.

La Beira constituía la tercera región del país lusitano. La Lusitania era una de las tres provincias de la península ibérica, cuya capitalidad ostentaba Mérida.

La orientación práctica de la cultura romana se plasma en la estructura administrativa y la construcción civil, creando calzadas que vertebraban todo el imperio, puentes sobre ríos para darles continuidad y acueductos para transportar el agua a las ciudades.

Además de la Torre de Aguiar, que constituye el ejemplo romano más evidente en Figueira de Castelo Rodrigo, descubrimos muchos otros vestigios de la cultura romana en el concejo, como los puentes romanos de Escalhão y Vermiosa, ambos sobre la ribera de Aguiar, y el puente romano de Cinco Vilas, sobre el río Côa. Todos ellos, formarían parte de calzadas romanas transversales que enlazarían con alguna vía principal. De estas calzadas solo se conservan algunos tramos en el concejo.

Otras aras romanas fueron encontradas en Barca D´Alva, en la Serra da Marofa o en el Convento de Santa María de Aguiar.

Vestigios de importancia menor como piezas de cerámica, monedas o columnas han sido también encontrados a lo largo de las últimas décadas.

Visitar la Torre de Almofala

En esta cima, a pocos kilómetros del pueblo de Almofala, estamos al pie de la Torre Aquilaris que está aquí desde el siglo II d.C.

Miramos al sur y contemplamos el embalse de Aguiar, los campos de cereal en torno a él y un poco más allá las viñas, que aparecen por todos lados.

La Torre y la lámina de agua del pantano a lo lejos dividen nuestra atención.

Las numerosas excavaciones y estudios realizados desde los años ochenta han desembocado en un espacio interpretativo, con pasarelas y paneles informativos. Un espacio cuidado donde la Torre de Almofala ya no es solo un antiguo edificio en ruinas, sino la historia hecha materia.

A la Torre de Almofala se llega por un camino de tierra batida en un desvío señalizado en la carretera EM-607, de Figueira de Castelo Rodrigo a Almofala, después de dejar atrás el Convento de Santa María de Aguiar y el embalse de Aguiar en el lado opuesto. Para visitarlo hay que reservar cita previa en la Oficina de Turismo de Figueira de Castelo Rodrigo (+351 271 311 365 o turismofcr@cm-fcr.pt). La visita es gratuita.