El quinto jinete

El pasado enero, un tiempo hoy alejado una eternidad, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, señalaba que había “cuatro jinetes” que representaban sendas amenazas para nuestro futuro común: las tensiones geoestratégicas globales “más intensas que hayamos presenciado en años”; una crisis climática existencial; una profunda y creciente desconfianza mundial; y “el lado oscuro del mundo digital”. Ocho meses después, en la 75ª reunión anual de la Asamblea General, celebrada por primera vez en su historia telemáticamente, se dirigía a un hemiciclo insólitamente vacío, “uno de los lugares más extraños de todos”- como él lo definió-, para añadir un quinto jinete que si entonces estaba “al acecho en las tinieblas” su expansión por todo el orbe no hizo sino aumentar “la furia de cada uno” de los otros cuatro.

Para Guterres la COVID-19 es “una crisis como ninguna otra que hayamos visto” que evidencia las fragilidades del mundo: las desigualdades en aumento, la catástrofe climática, las divisiones sociales cada vez más profundas, la corrupción desenfrenada. Un virus microscópico actuando en todas las direcciones pone “de rodillas al mundo” y evidencia dos circunstancias: que “el populismo y el nacionalismo han fracasado [pues] usados como enfoques para contener el virus, muchas veces han llevado a un empeoramiento palpable”; y que, con demasiada frecuencia, hay una desconexión entre liderazgo y poder. “Vemos ejemplos notables de liderazgo, pero no suelen estar asociados con el poder. Y el poder no siempre lleva asociado el liderazgo necesario”. 

Su voz firme brinda el recuento más esclarecedor del presente: “El mundo necesita un alto el fuego global para detener todos los conflictos “calientes” … debemos hacer todo lo posible por evitar una nueva Guerra Fría... no puede permitirse un futuro en que las dos mayores economías creen una Gran Grieta que divida el globo... Una brecha tecnológica y económica corre el riesgo de convertirse inevitablemente en una brecha geoestratégica y militar”.

Lejos de quedarse en el balance avanza una estrategia promisoria: “No podemos responder a esta crisis volviendo a lo de antes o refugiándonos en nuestro caparazón nacional”. Para superar las fragilidades y los desafíos actuales se necesita más cooperación internacional, fortalecer las instituciones multilaterales, y una mejor gobernanza global, “no una caótica ley de la selva”. Urge un Nuevo Contrato Social a nivel nacional y un Nuevo Acuerdo Mundial a nivel internacional. El primero para construir sociedades inclusivas y sostenibles efectuando la transición hacia la energía renovable. El segundo, arraigado en una globalización justa y que remedie las injusticias históricas de las estructuras de poder mundiales, para asegurar que los sistemas políticos y económicos mundiales provean los bienes públicos mundiales críticos

Las palabras de Guterres son un aldabonazo ético frente a buena parte de las intervenciones grabadas de los jefes de Estado que suponen un recuento muchas veces banal de sus quehaceres en el último año y una retahíla de promesas fútiles de su gestión para el periodo entrante. Unos relatos oficiales que chocan con la realidad de un mundo hoy insoportablemente incrédulo.