El impacto de Internet en la sociedad

El conjunto de las tecnologías de Internet ha alcanzado un impacto decisivo en la sociedad de la información y el conocimiento en la que vivimos. Es muchísimo más de lo que supuso en su día el motor eléctrico o la máquina de vapor como vectores de transformación tecnológica de la revolución industrial. En realidad, esta red global de redes informáticas que opera a través de plataformas de comunicaciones fijas e inalámbricas, nos proporciona una comunicación multimodal e interactiva, sin límites espaciales y momentánea, así como la ubicuidad. Luego, el impacto de Internet en la sociedad es de unas dimensiones nunca vistas y casi inimaginable hasta no hace mucho tiempo.

La tecnología de Internet, sin embargo, no es algo nuevo. En 1969 se desarrolló su antepasada, la Arpanet. Reservada en un principio a usos militares y ministeriales, se liberalizó su uso por los particulares en los años noventa. Se propagó rápidamente y en 1996 había 40 millones de usuarios. Ya en el 2013, el número de dispositivos inalámbricos se aproximaba a los 7.000 millones, para una población mundial de 7.700 millones, casi uno por habitante. A estas alturas, se podría decir que casi toda la humanidad está conecta. Pero existen grandes diferencias por regiones, no solo en cuanto a la disponibilidad de dispositivos, también en cuanto a la capacidad o ancho de banda, al precio de los servicios y a la eficiencia.

El avance en la disponibilidad de dispositivos no ha cerrado la brecha social ni la digital entre los países del norte y del sur, desarrollados y subdesarrollados. Un estudio de We Are Social Hootsuite en el 2020, indica una penetración digital del 95% en el norte de Europa, frente al 36% en el África occidental. Aun así, en Europa todavía quedan zonas sin cobertura telefónica que las operadoras consideran poco rentables a la vez que, paradójicamente, se incrementa el debate sobre la llegada de la red 5G, su uso entre la población y los distintos niveles sociales.

Por otra parte, la influencia de la disponibilidad de la banda ancha en la productividad es determinante, ya sea por el mayor provecho del tiempo dedicado a Internet o por la posibilidad de tener acceso a otras plataformas y utilizar otros recursos. Se ha podido constatar que un incremento de penetración del 10% en banda ancha fija, genera hasta un 0.8% del Producto Interior Bruto (PIB), mientras que un 10% de la banda ancha móvil genera hasta un 1,55% del PIB a nivel mundial, gracias a la red de redes. Así, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contempla en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en su agenda 2030 que las tecnologías de frontera pueden ser un factor importante en la erradicación del hambre y la pobreza en el mundo.

Con la llegada de la pandemia por coronavirus los servicios de Internet tuvieron una demanda desmesurada. Hasta un 50% llegó a incrementarse en Estados Unidos y en más del 100% en Italia. De consumidores ocasionales hemos pasado a ser consumidores compulsivos de la información en Internet. Como sucede con todos los cambios tecnológicos significativos, tanto los individuos como las empresas e instituciones se sienten abrumados por ellos. Con frecuencia, no somos capaces de procesar la gran cantidad de información que nos llega y eso genera estrés. Este fenómeno de infoxicación, exceso o sobrecarga de información, empieza a apuntar como la enfermedad digital del siglo XXI.

Todo proceso de cambio tecnológico genera una mitología propia. Los medios de comunicación y las redes sociales con frecuencia informan de que un uso intensivo de Internet incrementa el riesgo de distanciamiento social, aislamiento, enajenación o depresión. Sin embargo, los datos objetivos de estudios realizados al respecto no lo evidencian. Pero, a todas luces, es preciso que hagamos un uso racional de Internet en esta sociedad en red que nos ha tocado vivir.

Les dejo con Juan Luis Guerra y su canción “Mi PC”:

https://www.youtube.com/watch?v=jiPqkrg0Um4&list=RDjiPqkrg0Um4&start_radio=1&t=82

                                                                                                             Aguadero@acta.es