Lunes, 28 de septiembre de 2020

II Centenario de Ruiz Aguilera

Digo de don Francisco Casanova, referente para cualquier periodista, con setenta años realizando entrevistas, reportajes y opiniones -sin olvidar sus incursiones en la novela y la dramaturgia-, digo que le gustaba señalar que en las tardes de Salamanca “si no das una conferencia, ten la completa seguridad que te la van a dar”.

Nuestro amigo Paco lo decía de manera jocosa y sin aversión alguna, puesto que en absoluto le incomodaban las conferencias o tertulias, sino al contrario. Y no todo el mundo como él, o como don Enrique de Sena -otro referente periodístico de su época-, de igual manera podían darlas o recibirlas.

Hoy, que ni Paco ni Enrique están entre nosotros, lamentarían que esta maldita pandemia no deje celebrar acto alguno que mereciera la pena.

El pasado día 3 se suspendió una conferencia sobre don Miguel de Unamuno; un pesar que lo debemos tomar con paciencia, ¡ya se celebrará!, pues Unamuno se ganó la eternidad y como el ave fénix seguirá abriendo las puertas de nuestras mejores salas incluso cuando los presentes hayamos echado las persianas.

Sin embargo, estamos en el segundo aniversario del nacimiento de don Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881), periodista, escritor y poeta salmantino, y en este caso tenemos el presentimiento que, si en el presente año nadie le resucita literariamente, quizá quede dormido hasta el tercer centenario. Por tanto, emplazamos desde aquí a nuestros amigos del Ateneo, don Luis Gutiérrez y don Antonio Blázquez, tan sensibles a reanimar esa cultura que tantas veces no se ve, pero existe, a situarlo en la agenda del próximo año.

Los salmantinos de ayer no tienen por qué ser números uno para estar presentes en la Historia. Coetáneos de Ventura Ruiz Aguilera en el Realismo fueron Ramón de Campoamor y Gaspar Núñez de Arce, y estos y otros poetas, todos del siglo XIX, fueron engullidos por la belleza del romanticismo tardío -quizá superando a Espronceda- de Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, pero pensamos que quien, como Ventura Ruiz Aguilera, tuvo en su infancia y juventud de patria a Salamanca -se marchó a Madrid con veinticuatro años- seguro que sus escritos en general -no solo cultivó la poesía- estarán impresos del lenguaje salmantino de la época.

Y a quienes nos gusta asistir a conferencias -darlas es otro nivel que nos supera-, somos conscientes del “banquillo” profesoral con el que cuenta nuestra ciudad, y nos atrevemos a pedir que este artículo no caiga por el desagüe para que nuestro paisano Ventura Ruiz Aguilera deje de ser solo una calle en Salamanca, y quizá con los días contados en el callejero.

De él hemos leído “que sus Cantares revisten todo el candor de la poesía popular; sus Elegías hacen brotar lágrimas de ternura, como sucede leyendo sus Ecos nacionales y las Baladas. Y en Cuerdas íntimas, La leyenda de Nochebuena y las Armonías se muestra lo que define a este tiernísimo poeta: la verdad, la naturalidad del sentimiento, lo elocuente de la fantasía, lo sano del corazón”.

Que alguien despeje el campo.